Problemas que tratamos · Autoestima
Tener la autoestima baja no es ser débil ni tener poco carácter: es haber aprendido a mirarte con una dureza que no usarías con nadie más. Esa forma de tratarte se construyó en algún momento, y lo que se construyó puede entenderse y cambiar.
Información orientativa elaborada por el equipo de Izpira Psicología, psicólogos sanitarios colegiados en Donostia. No sustituye a una valoración profesional.

La autoestima es la valoración que haces de ti: cómo te ves, cómo te hablas y cuánto crees que mereces. No se nace con ella: se forma desde la infancia, con lo que te dijeron, lo que viviste y las conclusiones que sacaste.
Conviene aclarar lo que no es:
Dudar de ti antes de un examen o después de un error es normal. Hablamos de autoestima baja cuando esa duda está de fondo casi todos los días, pase lo que pase, y los logros la alivian solo un rato.
La autoestima baja no es un diagnóstico: es un factor que está detrás de problemas como la ansiedad, la depresión o las dificultades en las relaciones, y que los mantiene. Por eso, cuando alguien nos pide terapia para la autoestima en Donostia, lo primero es entender qué hay debajo de ese «no valgo».
Tener la autoestima baja no significa que valgas poco: significa que aprendiste a medirte con una vara que no usarías con nadie a quien quieres.
Casi nadie llega diciendo «tengo la autoestima baja». Lo que se nota es una forma de hablarte, de estar con los demás y de actuar que das por normal porque llevas años con ella:
No siempre se nota desde fuera. Hay personas con la autoestima baja que parecen muy seguras: rinden mucho, están disponibles para todo el mundo y nunca piden nada. Por dentro viven con la sensación de estar a un error de que todo se venga abajo.
¿Te reconoces en varias de estas situaciones desde hace tiempo? Te llamamos y lo valoramos contigo, sin compromiso.
Valoración gratuitaLa autoestima baja no tiene una sola cara, y lo habitual es reconocerse en más de una.
Es un comentario interno constante que juzga lo que haces, lo que dices y cómo eres, y que no calla ni cuando las cosas salen bien. Parece que esa dureza te mantiene a raya, pero en realidad desgasta y paraliza.
Te pones el listón tan alto que llegar es casi imposible, y cuando llegas lo subes. Nada se disfruta: solo respiras hasta el siguiente reto. Detrás suele estar la idea de que solo vales si no fallas.
Mides tu vida con la de otras personas: su cuerpo, su trabajo, su pareja. Las redes sociales lo intensifican, porque comparas tu día a día completo con los mejores momentos, elegidos y retocados, de los demás.
Dices que sí a un favor, a un turno o a un plan que no te apetece, y luego te lo reprochas. Negarte te hace sentir egoísta, o temes que la otra persona se enfade o se aleje.
Tienes la formación y los resultados, pero sientes que estás engañando a todo el mundo y que acabarán dándose cuenta. Atribuyes los logros a la suerte y los errores a ti. No es un diagnóstico, pero lleva a trabajar de más y a no pedir lo que te corresponde, como explicamos en problemas laborales.
Tu valor sube o baja según cómo te ves en el espejo o en una foto, y evitas la playa, el probador o ciertas prendas. Si esa preocupación empieza a dirigir lo que comes o a ocupar buena parte del día, conviene valorarlo pronto: lo explicamos en trastornos alimentarios.
Te sientes bien mientras alguien te elige, te contesta o te da la razón, y te vienes abajo cuando eso falta. Por miedo a perder ese apoyo aguantas más de la cuenta: es el terreno de la dependencia emocional.
Nadie nace pensando que vale poco. La imagen que tienes de ti se construyó con experiencias repetidas, sobre todo en la infancia y la adolescencia, cuando todavía no podías poner en duda lo que te decían.
Con el tiempo, esa forma de mirarte se sostiene sola: te fijas en lo que la confirma, descartas lo que la contradice y, al evitar lo que te da miedo, nunca compruebas que podías.
Entender de dónde viene no es buscar culpables: es dejar de tomar por verdad una conclusión que sacaste cuando no tenías otra forma de explicarte las cosas.
La autoestima baja rara vez se arregla con el tiempo o con un logro más. Si no se trabaja, suele condicionar cada vez más áreas de la vida:
Lo contrario también es cierto: esa forma de mirarte se aprendió, y por eso puede revisarse a cualquier edad. Con ayuda profesional, la mayoría de las personas mejora cómo se habla, lo que tolera y lo que se atreve a pedir.
No hace falta estar muy mal para consultar. Conviene hacerlo si se da alguna de estas situaciones:
Si quien lo pasa mal es tu hijo o tu hija, también puedes consultarnos. En la adolescencia la autoestima se tambalea con facilidad, y pedir ayuda pronto evita que esa imagen se consolide: te lo contamos en la terapia para adolescentes.
La autoestima no mejora repitiendo frases positivas delante del espejo: si no te las crees, chocan con lo que sientes. Tampoco mejora sumando logros, porque quien se mide con una vara imposible siempre encuentra el fallo.
Lo que funciona es entender dónde se construyó esa forma de mirarte y cambiar la relación que tienes contigo. Al no ser un diagnóstico no hay una guía clínica específica, pero la psicoterapia cuenta con estudios que la respaldan, sobre todo desde la terapia cognitivo-conductual y la centrada en la compasión, y se trabaja también desde enfoques psicodinámicos y humanistas.
En la psicoterapia individual se suele trabajar:
Si además hay ansiedad intensa, depresión o un problema con la alimentación, también se valora y se trata. No existe medicación para la autoestima; si un problema asociado la requiere, la prescribe y controla tu médico de cabecera o un psiquiatra.
En Izpira somos psicólogos generales sanitarios y trabajamos con psicoterapia, desde enfoques psicoanalítico, humanista integrativo y sistémico. No nos quedamos en el síntoma: buscamos contigo qué está sosteniendo esa forma de tratarte para que la mejoría se mantenga. Si en la valoración vemos que te conviene otro tipo de abordaje o una consulta médica, te lo decimos y te orientamos.
Te explicamos cómo es el proceso, cuánto dura cada sesión y cuánto cuesta.
Ver la psicoterapia individualNada de esto sustituye a un proceso de terapia, pero ayuda a no alimentar el problema mientras llega la primera cita:
La terapia que lo trabaja
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Somos cuatro psicólogos generales sanitarios con enfoques psicoanalítico, humanista integrativo y sistémico. En la valoración vemos contigo quién encaja mejor con lo que necesitas.

Col. n.º GZ03030
Psicóloga General Sanitaria y directora clínica de Izpira. Enfoque psicoanalítico y perspectiva de género. Trabaja en el Programa de Atención a Víctimas de Violencia de la Diputación Foral de Gipuzkoa.
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Col. n.º GZ02906
Psicólogo sanitario y psicoterapeuta humanista integrativo. Terapia individual con adultos y acompañamiento en la toma de decisiones. Experto en mediación y gestión de conflictos.
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Col. n.º GZ03530
Psicóloga General Sanitaria. Formación en apego y psicología perinatal, adicciones con y sin sustancia y duelo. Atiende en euskera y en castellano.
Ver perfilCol. n.º GZ03439
Psicóloga General Sanitaria. Acompaña a niños, adolescentes, adultos y parejas. Especializada en terapia familiar y de pareja desde un enfoque sistémico; atiende a personas que han vivido violencia y trauma.
Ver perfilPreguntas frecuentes
No hay un test que lo determine. Las pistas más claras son una autocrítica casi diaria, la dificultad para aceptar halagos o poner límites y la costumbre de dejar pasar oportunidades por miedo a no estar a la altura. Si eso lleva tiempo contigo y te limita, merece la pena valorarlo con un profesional.
No. No es un diagnóstico, sino una forma de valorarte que puede estar detrás de problemas como la ansiedad, la depresión o las dificultades en las relaciones. Que no sea un trastorno no significa que no merezca atención: si te hace sufrir o te limita, es motivo suficiente para consultar.
Sí. La imagen que tienes de ti se formó con experiencias, y puede cambiar al entender las antiguas y al vivir otras nuevas. No es un cambio de un día para otro, pero no hay una edad a partir de la cual deje de ser posible.
Algunas lecturas ayudan a entender lo que te pasa. Las afirmaciones positivas, en cambio, pueden funcionar mal cuando hay mucha autocrítica, porque chocan con lo que de verdad sientes. Si llevas tiempo probando por tu cuenta sin avanzar, suele hacer falta otro tipo de trabajo.
La autoestima baja es una forma estable de valorarte. La depresión es un trastorno del estado de ánimo, con pérdida de interés, cansancio y cambios en el sueño o el apetito durante semanas. Pueden darse juntas y alimentarse entre sí, así que si además de sentirte poca cosa has perdido las ganas de casi todo, conviene valorarlo cuanto antes.
Depende del tiempo que lleve contigo esa forma de mirarte y de lo que haya detrás. En la primera sesión te damos una orientación de frecuencia y duración, y la vamos revisando contigo.
Escucha lo que siente sin corregirlo de inmediato, valora el esfuerzo más que el resultado y evita compararle con hermanos o compañeros. Los elogios constantes no convencen: ayuda más que compruebe por su cuenta que es capaz. Si se aísla, sufre en el colegio o habla muy mal de sí, consulta.
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