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Problemas que tratamos · Alimentación

Trastornos alimentarios: señales de alarma, tipos y tratamiento para pedir ayuda a tiempo

Un trastorno alimentario no es una dieta que se ha ido de las manos, una fase ni una cuestión de voluntad: es un problema serio de salud mental, con consecuencias físicas, que puede afectar a cualquier persona. Tiene tratamiento, y cuanto antes se empieza, mejor es el pronóstico.

  • Anorexia nerviosa
  • Bulimia nerviosa
  • Trastorno por atracón
  • Evitación de alimentos (TERIA)
  • Obsesión por comer sano
  • Obsesión por la musculatura
Mujer sentada en un sofá mirando el móvil en un salón al atardecer

Qué son los trastornos alimentarios y qué no son

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son problemas graves de salud mental que tienen consecuencias físicas. La relación con la comida, con el cuerpo y con el peso pasa a ocupar el centro de la vida y a dirigir el ánimo, las decisiones y las relaciones.

Conviene desmontar algunas ideas muy extendidas:

  • No son una dieta que se ha ido de las manos ni una fase. Son trastornos reconocidos, que no se pasan solos con la edad.
  • No son un capricho ni una cuestión de fuerza de voluntad. Nadie los elige, y nadie sale de ellos «comiendo normal y ya está».
  • No tienen un aspecto concreto. Afectan a personas de todas las edades, sexos y tallas, y muchas veces no se notan por fuera.
  • No van solo de comida. La comida es la forma en que se expresa un malestar más profundo, que tiene que ver con cómo te valoras, con las emociones o con lo que estás viviendo.

Preocuparse por la alimentación o no estar del todo a gusto con el cuerpo es muy común. Hablamos de trastorno cuando esa preocupación se vuelve rígida, ocupa buena parte del día, genera angustia y empieza a afectar a la salud, a los estudios o al trabajo y a la vida social.

Un trastorno alimentario no es una elección ni una llamada de atención: es una enfermedad seria, que tiene tratamiento.

Señales de alarma de un trastorno alimentario en la comida, en el cuerpo y en el ánimo

Las señales varían según el trastorno y casi nunca aparecen todas a la vez. Estas son las que más se repiten:

Con la comida

  • Normas cada vez más rígidas sobre qué y cuánto comer
  • Evitar comer con otras personas
  • Pensar en la comida gran parte del día
  • Comer a escondidas o con sensación de perder el control
  • Culpa o angustia intensas después de comer

Con el cuerpo y el peso

  • Miedo intenso a engordar
  • Malestar constante con el propio cuerpo
  • Comprobar el cuerpo a menudo o evitar mirarse
  • Sentir que tu valor depende de tu cuerpo
  • Actividad física vivida como una obligación

En el ánimo y la conducta

  • Irritabilidad, sobre todo en torno a las comidas
  • Excusas para no ir a planes con comida
  • Secretismo sobre lo que se ha comido
  • Ausentarse justo después de las comidas
  • Tristeza, ansiedad o cambios bruscos de humor

No se ve a simple vista. Muchas personas con un trastorno alimentario tienen un peso que no llama la atención, rinden en los estudios o en el trabajo y lo esconden muy bien.

Además, quien lo sufre no siempre lo vive como un problema: al principio puede sentirse como control o como un logro. Por eso es frecuente que sea la familia quien da la voz de alarma.

¿Te preocupa tu relación con la comida o la de alguien cercano? Te llamamos y lo valoramos contigo, sin compromiso.

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Tipos de trastornos alimentarios y cómo se distinguen

Estos son los principales. Muchas personas no encajan del todo en ninguno, o pasan de uno a otro con el tiempo, y eso no hace su problema menos serio.

Anorexia nerviosa

La persona come bastante menos de lo que su cuerpo necesita, tiene un miedo intenso a engordar y percibe o valora su cuerpo de forma distorsionada. Suele vivirlo como control y no como enfermedad, y por eso rara vez pide ayuda por iniciativa propia. Cuando los mismos síntomas se dan sin un peso bajo se habla de anorexia atípica, y los riesgos médicos son igual de serios.

Bulimia nerviosa

Se repiten episodios de comer mucho en poco tiempo con sensación de perder el control, llamados atracones, seguidos de conductas para compensarlos. La propia valoración depende en exceso del cuerpo. Se vive en secreto y con mucha vergüenza, y puede pasar años sin que nadie lo note.

Trastorno por atracón

Hay atracones recurrentes, pero sin conductas para compensarlos después. Se come deprisa, sin hambre y a solas, y luego llegan la culpa y la vergüenza. Es probablemente el más frecuente y el menos reconocido, porque se confunde con falta de voluntad.

Trastorno de evitación o restricción de la ingesta (TERIA)

Conocido también por sus siglas en inglés, ARFID, consiste en comer muy poco o una variedad muy limitada de alimentos, pero no por miedo a engordar ni por preocupación por el cuerpo. Los motivos son otros: rechazo intenso a texturas, olores o sabores, miedo a atragantarse o falta de interés por comer. Es más habitual en la infancia y va más allá de ser «mal comedor».

Otras formas de sufrir con la comida y con el cuerpo

La obsesión por comer solo alimentos «sanos», a veces llamada ortorexia, y la obsesión por la musculatura, conocida como vigorexia, no son diagnósticos oficiales de trastorno alimentario. Aun así, cuando las normas se vuelven rígidas y generan angustia, aislamiento o problemas de salud, causan un sufrimiento real y merecen una valoración.

Por qué aparece un trastorno alimentario

No hay una causa única, y nadie tiene la culpa: ni quien lo sufre ni su familia. Un trastorno alimentario aparece cuando se suman varios factores:

  • Vulnerabilidad biológica. Existe un componente genético: tener familiares con un trastorno alimentario aumenta el riesgo.
  • Rasgos personales. Perfeccionismo, autoexigencia, necesidad de control y una autoestima muy ligada al rendimiento o a la imagen.
  • Las dietas. Ponerse a dieta, sobre todo en la adolescencia, es uno de los desencadenantes más habituales.
  • Comentarios y presión sobre el cuerpo. Burlas, críticas o «bromas» sobre el físico en casa, en clase o en el deporte.
  • Redes sociales. La exposición continua a cuerpos idealizados y a contenido sobre dietas alimenta la comparación.
  • Experiencias difíciles. Acoso escolar, pérdidas, cambios importantes o situaciones de abuso o de violencia.
  • Emociones que se regulan con la comida. La comida se convierte en la manera de calmar la angustia, el vacío o la rabia cuando no se ha encontrado otra. Lo explicamos en gestión emocional.

Una vez en marcha, el trastorno se mantiene solo: comer de forma insuficiente o caótica vuelve el pensamiento más rígido y obsesivo, y la culpa empuja a repetir el ciclo.

Qué pasa si un trastorno alimentario no se trata

Los trastornos alimentarios están entre los problemas de salud mental con mayor riesgo médico. Sin tratamiento tienden a cronificarse, y sus consecuencias alcanzan a todo el organismo:

  • Corazón y circulación. Alteraciones del ritmo cardiaco y de la tensión, que pueden llegar a ser graves.
  • Huesos. Pérdida de masa ósea, que en la adolescencia puede no recuperarse del todo.
  • Hormonas. Alteraciones o pérdida de la menstruación, problemas de fertilidad y, en niños y adolescentes, retraso del crecimiento.
  • Aparato digestivo. Dolor, digestiones muy lentas, estreñimiento y otras complicaciones.
  • Estado de ánimo. Es muy frecuente que se acompañen de ansiedad, de depresión y de pensamientos obsesivos.
  • Aislamiento. Se dejan amistades, comidas familiares, viajes y planes, y la vida se va estrechando alrededor de la comida.
  • Riesgo vital. La anorexia nerviosa es uno de los trastornos mentales con mayor mortalidad, por las complicaciones físicas y por suicidio.

Con tratamiento, el panorama cambia. La mayoría de las personas mejora y muchas se recuperan por completo, sobre todo cuando se empieza pronto. Y no es tarde aunque hayan pasado muchos años: también entonces hay recuperación.

Cuándo pedir ayuda y cuándo es urgente

En un trastorno alimentario, esperar a «estar peor» o a tenerlo claro es un error: cuanto antes se empieza, mejor es el pronóstico. Conviene consultar si:

  • La comida, el peso o el cuerpo ocupan buena parte de tus pensamientos.
  • Comes con culpa, a escondidas o con sensación de perder el control.
  • Has dejado planes o comidas con otras personas por este motivo.
  • Tu ánimo depende de lo que has comido o de cómo te ves.
  • Personas cercanas te han dicho que están preocupadas.
  • Notas cansancio, mareos, frío constante o alteraciones de la regla.
  • Eres padre o madre y reconoces varias de las señales en tu hijo o tu hija.

El primer paso es doble: una valoración psicológica y una revisión con tu médico de cabecera o pediatra, que comprobará cómo estás físicamente y descartará otras causas.

Cuándo es urgente

Acude a urgencias o llama al 112 si hay desmayos, mareos intensos, dolor en el pecho, palpitaciones, confusión o un empeoramiento rápido. Si aparecen pensamientos de hacerte daño o de suicidio, llama al 024, que atiende las 24 horas, o al 112.

Cómo se trata un trastorno alimentario

El tratamiento de un trastorno alimentario tiene que ser multidisciplinar. Ningún profesional lo aborda solo, porque afecta a la vez al cuerpo y a la mente:

  • Medicina. El médico de cabecera o el pediatra valoran y vigilan el estado físico.
  • Nutrición. Un dietista-nutricionista con formación en estos trastornos ayuda a recuperar una alimentación suficiente y regular.
  • Psicología. En la psicoterapia individual se trabaja la relación con la comida y con el cuerpo y lo que hay detrás: la autoexigencia, las emociones y la historia de cada persona.
  • Psiquiatría. Cuando hace falta, valora la medicación, que nunca es el único tratamiento y que prescribe y controla un médico.

Las guías clínicas recomiendan terapias psicológicas específicas para estos trastornos, como la terapia cognitivo-conductual adaptada a ellos. En niños y adolescentes, la implicación de la familia es clave y forma parte del tratamiento de referencia: te contamos cómo acompañamos en la terapia para adolescentes.

Algunos casos necesitan una unidad especializada en trastornos de la conducta alimentaria, un hospital de día o un ingreso, sobre todo cuando hay riesgo físico. No es un fracaso: es el nivel de atención que corresponde a ese momento.

Cómo trabajamos los trastornos alimentarios en Izpira

En Izpira somos psicólogos generales sanitarios y trabajamos con psicoterapia, desde enfoques psicoanalítico, humanista integrativo y sistémico. En un trastorno alimentario, el trabajo psicológico se hace en coordinación con el seguimiento médico y no lo sustituye. No nos quedamos en el síntoma: buscamos contigo qué lo está sosteniendo. Si en la valoración vemos que el recurso adecuado es una unidad especializada, te lo decimos y te orientamos.

Te explicamos cómo es el proceso, cuánto dura cada sesión y cuánto cuesta.

Ver la psicoterapia individual

Cómo ayudar a tu hijo, a tu hija o a alguien cercano

Si sospechas que alguien a quien quieres tiene un trastorno alimentario, tu papel es importante. Las familias no causan el trastorno, y son una parte fundamental de la recuperación.

Lo que ayuda

  • Hablar en privado y con calma, desde lo que te preocupa («te noto triste y me preocupas») y no desde la comida ni el peso.
  • Escuchar sin discutir ni intentar convencer con argumentos.
  • Pedir cita con el médico o el pediatra y acompañarle. Si es menor, no esperes a que quiera ir: esa decisión es de los adultos.
  • Mantener las comidas en familia como un momento tranquilo.
  • Buscar orientación profesional también para ti.

Lo que no ayuda

  • Comentar su cuerpo o su peso, ni para bien ni para mal.
  • Frases como «come y ya está» o «es cuestión de voluntad».
  • Convertir cada comida en una pelea, un interrogatorio o un chantaje.
  • Hablar de dietas o criticar tu propio cuerpo en su presencia.
  • Esperar a que reconozca el problema: negarlo forma parte del trastorno.

Cuenta con que lo niegue o se enfade. No significa que te hayas equivocado al hablar.

Qué puedes hacer mientras empiezas el tratamiento

Nada de esto sustituye a un tratamiento, y este no es un problema que convenga intentar resolver por tu cuenta. Mientras llega la primera cita:

  • Pide una revisión a tu médico de cabecera. Es el primer paso, aunque te encuentres bien.
  • Cuéntaselo a alguien de confianza. El secreto es lo que más protege al trastorno.
  • No empieces dietas ni sigas pautas de internet. Los cambios en la alimentación tienen que estar supervisados por profesionales.
  • Limpia tus redes. Deja de seguir las cuentas sobre dietas y cuerpos que te dejan peor.
  • No esperes a tenerlo claro. Dudar de si quieres cambiar forma parte del problema, y también se trabaja en consulta.
  • No te castigues por un mal día. La culpa alimenta el ciclo.
  • Ten a mano los teléfonos de urgencia. El 112 y el 024, por si te encuentras mal físicamente o aparecen ideas de hacerte daño.

La terapia que lo trabaja

La terapia con la que trabajamos los trastornos alimentarios en Donostia

Si te has reconocido en lo que acabas de leer, o reconoces a alguien cercano, este es el siguiente paso. Empezamos con una valoración gratuita de 15 minutos por teléfono.

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Preguntas frecuentes

Preguntas frecuentes sobre los trastornos alimentarios

¿Cómo sé si tengo un trastorno alimentario o solo me preocupa lo que como?

La diferencia está en cuánto espacio ocupa y cuánto te hace sufrir. Si la comida, el peso o el cuerpo dirigen tu día, comes con culpa o con sensación de perder el control y has empezado a evitar planes, conviene valorarlo. El diagnóstico se hace en una entrevista clínica, no con un test de internet.

¿Se puede tener un trastorno alimentario aunque no se note por fuera?

Sí. Muchos trastornos alimentarios no se reflejan en el aspecto físico y pueden darse con cualquier peso. Que no se note no significa que no haya sufrimiento ni riesgo médico.

¿Los trastornos alimentarios solo afectan a chicas adolescentes?

No. Son más frecuentes en mujeres jóvenes, pero aparecen también en chicos y hombres, en la edad adulta y en la infancia. En los varones suelen detectarse más tarde, precisamente porque no se piensa en ello.

¿Un trastorno alimentario se cura?

La mayoría de las personas mejora con tratamiento y muchas se recuperan por completo. La recuperación lleva tiempo y suele tener altibajos, y es más probable cuanto antes se empieza. También es posible después de muchos años con el problema.

Mi hijo o mi hija dice que no le pasa nada y no quiere ir a consulta, ¿qué hago?

Es lo habitual: negarlo forma parte del trastorno. Si es menor, la decisión de consultar es vuestra. Empezad por el pediatra o el médico de cabecera, y podéis pedirnos orientación como familia aunque todavía no quiera venir.

¿Basta con ir al psicólogo para tratar un trastorno alimentario?

No. El tratamiento debe incluir seguimiento médico y, a menudo, nutricional, además del trabajo psicológico. En Izpira trabajamos en coordinación con los profesionales que te atiendan, y si vemos que necesitas una unidad especializada, te lo decimos.

¿Hace falta ingresar en un hospital?

En la mayoría de los casos, no: el tratamiento se hace de forma ambulatoria. El hospital de día o el ingreso se reservan para cuando hay riesgo físico o cuando el tratamiento ambulatorio no es suficiente. Esa decisión la toma el equipo médico.

Si estás en una situación de urgencia o temes por tu seguridad o la de otra persona, llama al 112. Si tienes pensamientos de suicidio, la línea 024 atiende las 24 horas, todos los días, de forma gratuita.

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