Problemas que tratamos · Ansiedad
La ansiedad no es debilidad ni son «solo nervios»: es el sistema de alarma del cuerpo, que a veces se queda encendido sin que haya un peligro real. Cuando dura semanas y empieza a decidir por ti, ha dejado de ser útil. Tiene tratamiento eficaz y la mayoría de las personas mejora.
Información orientativa elaborada por el equipo de Izpira Psicología, psicólogos sanitarios colegiados en Donostia. No sustituye a una valoración profesional.

La ansiedad es una emoción normal y necesaria. Es el sistema de alarma con el que el cuerpo se prepara ante una amenaza: el corazón se acelera, los músculos se tensan y la atención se afila. Antes de un examen o de una entrevista, esa activación te ayuda a rendir.
El problema empieza cuando la alarma salta sin peligro real, suena demasiado fuerte o no se apaga. Entonces ya no te prepara para nada: te desgasta. Te acuestas repasando lo que puede salir mal, te despiertas con un nudo en el estómago y pasas el día con la sensación de que algo malo va a ocurrir, aunque no sepas qué.
Hay cuatro señales que ayudan a distinguir la ansiedad normal de un trastorno de ansiedad:
Tener ansiedad no es ser débil ni «estar mal de la cabeza»: es un sistema de protección que funciona de más, y eso se puede trabajar.
Según la Organización Mundial de la Salud, los trastornos de ansiedad son los problemas de salud mental más frecuentes en el mundo: afectan aproximadamente a un 4 % de la población y son más habituales en mujeres. También cuentan con tratamientos eficaces.
La ansiedad no se queda en la cabeza. Se nota a la vez en tres planos, y en cada persona pesa más uno que otro:
Muchas personas llegan a consulta después de pasar por urgencias o por pruebas médicas que han salido bien. Los síntomas físicos de la ansiedad son reales, no imaginados: el cuerpo reacciona como si hubiera un peligro.
Aun así, si los síntomas son nuevos, conviene que tu médico descarte causas físicas que pueden parecerse a la ansiedad o empeorarla, como un problema de tiroides, una arritmia, la anemia, algunos medicamentos o el exceso de cafeína.
¿Te reconoces en varios de estos síntomas desde hace semanas? Te llamamos y lo valoramos contigo, sin compromiso.
Valoración gratuitaLa ansiedad no se presenta igual en todo el mundo: cambia aquello que se teme y la forma de protegerse. Además, es frecuente que una misma persona tenga rasgos de más de un tipo.
La preocupación salta de un tema a otro —el trabajo, la salud, el dinero, los hijos— la mayoría de los días durante al menos seis meses, y cuesta mucho frenarla. Se acompaña de tensión muscular, cansancio, irritabilidad y mal dormir. Quien la sufre suele oír que «se preocupa por todo» y no recuerda la última vez que sintió calma de verdad.
Una crisis de pánico es una oleada brusca de miedo muy intenso que alcanza su máximo en pocos minutos, con palpitaciones, ahogo, mareo y la sensación de que te mueres o pierdes la cabeza. Cuando las crisis se repiten sin aviso y empiezas a vivir pendiente de la siguiente, se habla de trastorno de pánico. Lo explicamos a fondo en crisis de pánico.
El miedo es intenso y desproporcionado, pero se limita a algo concreto: volar, conducir, las agujas, las alturas, un animal. Fuera de esa situación te encuentras bien, y por eso muchas personas organizan su vida para no cruzarse con ella. Lo ampliamos en fobias y miedos.
Es un miedo intenso a que los demás te observen y te juzguen: hablar en una reunión, comer delante de otros, llamar por teléfono, conocer gente. No es simple timidez, porque lleva a evitar situaciones importantes y a pasarlo muy mal antes, durante y después. Lo desarrollamos en fobia social y timidez.
No es miedo a los espacios abiertos, sino a estar en lugares de los que sería difícil salir o donde no habría ayuda si te encuentras mal: el transporte público, un centro comercial, una cola, el cine o alejarte de casa sin compañía. Muchas veces aparece después de varias crisis de pánico y va reduciendo los sitios a los que vas.
Es la preocupación persistente por tener o llegar a tener una enfermedad grave, aunque las pruebas salgan bien. Se nota en revisarse el cuerpo, buscar síntomas en internet y pedir pruebas o, al contrario, en evitar al médico por miedo a lo que diga. La tranquilidad después de cada consulta dura poco.
Es muy habitual que la ansiedad se acompañe de insomnio y que el estrés en el trabajo la dispare o la mantenga. El estrés postraumático comparte muchos de sus síntomas, pero es un problema distinto: aparece después de haber vivido una experiencia traumática y necesita un abordaje propio.
La ansiedad no tiene una causa única. Suele ser la suma de una predisposición y de lo que te ha tocado vivir:
A veces hay un desencadenante claro. Otras, la ansiedad aparece justo cuando por fin puedes parar, después de meses aguantando.
Tan importante como el origen es lo que hace que la ansiedad siga ahí:
Lo que haces para calmar la ansiedad a corto plazo suele ser lo que la mantiene a largo plazo.
Algunas rachas de ansiedad ceden cuando pasa la situación que las provocó. Pero cuando lleva meses instalada, lo habitual es que no se vaya sola y que ocupe cada vez más espacio:
La otra cara es que los trastornos de ansiedad tienen tratamiento eficaz y la mayoría de las personas mejora. Cuanto antes se consulta, menos terreno hay que recuperar.
No hace falta esperar a no poder más. Conviene consultar si:
Si junto a la ansiedad aparecen ideas de muerte o de hacerte daño, no esperes a tener cita: llama al 024 o al 112. Y si notas por primera vez un dolor fuerte en el pecho, dificultad para respirar o un desmayo, acude a urgencias para que lo valoren antes de darlo por ansiedad.
El primer paso es una buena valoración: qué tipo de ansiedad tienes, desde cuándo, qué la dispara, qué la mantiene y si hay algo médico que descartar.
Es el tratamiento de primera elección en la mayoría de los trastornos de ansiedad. La terapia cognitivo-conductual es el enfoque con más estudios y el que las guías clínicas recomiendan en primer lugar: ayuda a entender el círculo de la ansiedad, a revisar los pensamientos catastrofistas y a afrontar de forma gradual lo que se evita. Otras psicoterapias, como la psicodinámica, cuentan con menos estudios, pero también con resultados favorables en varios de estos problemas.
La prescribe y la controla tu médico de cabecera o un psiquiatra, nunca un psicólogo. Suele plantearse cuando la ansiedad es intensa o no mejora lo suficiente con psicoterapia. Algunos fármacos tardan semanas en hacer efecto, y los tranquilizantes, que alivian rápido, se recomiendan solo durante periodos cortos por el riesgo de dependencia. No los empieces ni los dejes por tu cuenta.
En Izpira somos psicólogos generales sanitarios y trabajamos con psicoterapia, desde enfoques psicoanalítico, humanista integrativo y sistémico. No nos quedamos en el síntoma: buscamos contigo qué está sosteniendo tu ansiedad para que la mejoría se mantenga. Si en la valoración vemos que te conviene otro tipo de abordaje o una consulta médica, te lo decimos y te orientamos.
Te explicamos cómo es el proceso, cuánto dura cada sesión y cuánto cuesta.
Ver la terapia para la ansiedadNada de esto sustituye a un tratamiento, pero ayuda a no alimentar la ansiedad mientras llega la primera cita:
La terapia que lo trabaja
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Col. n.º GZ03030
Psicóloga General Sanitaria y directora clínica de Izpira. Enfoque psicoanalítico y perspectiva de género. Trabaja en el Programa de Atención a Víctimas de Violencia de la Diputación Foral de Gipuzkoa.
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Col. n.º GZ02906
Psicólogo sanitario y psicoterapeuta humanista integrativo. Terapia individual con adultos y acompañamiento en la toma de decisiones. Experto en mediación y gestión de conflictos.
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Col. n.º GZ03530
Psicóloga General Sanitaria. Formación en apego y psicología perinatal, adicciones con y sin sustancia y duelo. Atiende en euskera y en castellano.
Ver perfilCol. n.º GZ03439
Psicóloga General Sanitaria. Acompaña a niños, adolescentes, adultos y parejas. Especializada en terapia familiar y de pareja desde un enfoque sistémico; atiende a personas que han vivido violencia y trauma.
Ver perfilPreguntas frecuentes
Los síntomas pueden parecerse mucho, y por eso la primera vez conviene que te valore tu médico. Si las pruebas salen bien y las molestias aparecen o empeoran en momentos de tensión o de preocupación, es probable que la ansiedad tenga un papel. Lo valoramos contigo en una entrevista, no con un test de internet.
El estrés es la respuesta a una exigencia concreta y suele bajar cuando esa exigencia pasa. La ansiedad se centra en lo que podría ocurrir y puede mantenerse aunque en ese momento no haya nada que la justifique. Un estrés sostenido durante mucho tiempo puede acabar convirtiéndose en un problema de ansiedad.
La ansiedad como emoción no desaparece, ni debe hacerlo, porque es necesaria. Lo que cambia con el tratamiento es su intensidad y el poder que tiene sobre tu vida: la mayoría de las personas mejora y aprende a reconocer las primeras señales y a saber qué hacer si vuelven.
Una crisis de pánico alcanza su punto más alto en pocos minutos y suele ceder en menos de media hora, aunque después queden cansancio y miedo a que se repita. La ansiedad generalizada funciona de otra manera: es una tensión de fondo que puede durar semanas o meses.
No siempre. Muchas personas mejoran solo con psicoterapia. Cuando la ansiedad es muy intensa o impide funcionar, tu médico de cabecera o un psiquiatra pueden valorar un tratamiento con fármacos. Los psicólogos no recetamos, pero si vemos que te conviene consultarlo, te lo decimos.
La ansiedad no necesita un motivo evidente. A veces aparece después de una etapa larga de tensión, justo cuando paras, y otras responde a preocupaciones que todavía no has identificado. No encontrar una causa clara no la hace menos real, y parte del trabajo en terapia consiste en entender de dónde viene.
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