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Izpira Psicología

Problemas que tratamos · Ansiedad

Ansiedad: síntomas, tipos y tratamiento para dejar de vivir en alerta

La ansiedad no es debilidad ni son «solo nervios»: es el sistema de alarma del cuerpo, que a veces se queda encendido sin que haya un peligro real. Cuando dura semanas y empieza a decidir por ti, ha dejado de ser útil. Tiene tratamiento eficaz y la mayoría de las personas mejora.

  • Ansiedad generalizada
  • Crisis de pánico
  • Fobias
  • Ansiedad social
  • Agorafobia
  • Ansiedad por la salud
Hombre despierto tumbado en la cama, en una habitación de noche con luz cálida tenue

Qué es la ansiedad y cuándo deja de ser una reacción normal

La ansiedad es una emoción normal y necesaria. Es el sistema de alarma con el que el cuerpo se prepara ante una amenaza: el corazón se acelera, los músculos se tensan y la atención se afila. Antes de un examen o de una entrevista, esa activación te ayuda a rendir.

El problema empieza cuando la alarma salta sin peligro real, suena demasiado fuerte o no se apaga. Entonces ya no te prepara para nada: te desgasta. Te acuestas repasando lo que puede salir mal, te despiertas con un nudo en el estómago y pasas el día con la sensación de que algo malo va a ocurrir, aunque no sepas qué.

Hay cuatro señales que ayudan a distinguir la ansiedad normal de un trastorno de ansiedad:

  • La proporción. El miedo o la preocupación son mucho mayores de lo que la situación justifica.
  • La duración. No se pasa cuando termina el examen o se resuelve el problema: sigue ahí semanas o meses.
  • El control. Por más que lo intentas, no consigues dejar de darle vueltas ni calmar el cuerpo.
  • El precio. Duermes peor, rindes menos o has empezado a evitar sitios, personas y planes.

Tener ansiedad no es ser débil ni «estar mal de la cabeza»: es un sistema de protección que funciona de más, y eso se puede trabajar.

Según la Organización Mundial de la Salud, los trastornos de ansiedad son los problemas de salud mental más frecuentes en el mundo: afectan aproximadamente a un 4 % de la población y son más habituales en mujeres. También cuentan con tratamientos eficaces.

Síntomas de la ansiedad en el cuerpo, en los pensamientos y en lo que haces

La ansiedad no se queda en la cabeza. Se nota a la vez en tres planos, y en cada persona pesa más uno que otro:

En el cuerpo

  • Palpitaciones o el corazón acelerado
  • Presión en el pecho y sensación de falta de aire
  • Nudo en el estómago, náuseas o diarrea
  • Tensión en cuello, hombros y mandíbula
  • Mareo, temblor, sudor u hormigueos
  • Cansancio y sueño que no descansa

En los pensamientos

  • Preocupación constante y difícil de frenar
  • Ponerte en lo peor antes de que pase nada
  • Sensación de peligro o de perder el control
  • Dificultad para concentrarte o mente en blanco
  • Miedo a que la ansiedad vuelva

En lo que haces

  • Evitas sitios, personas o planes
  • Compruebas y repasas una y otra vez
  • Pides a otros que te tranquilicen
  • Aplazas decisiones y tareas
  • No consigues parar o te bloqueas
  • Saltas con los tuyos por cualquier cosa

Muchas personas llegan a consulta después de pasar por urgencias o por pruebas médicas que han salido bien. Los síntomas físicos de la ansiedad son reales, no imaginados: el cuerpo reacciona como si hubiera un peligro.

Aun así, si los síntomas son nuevos, conviene que tu médico descarte causas físicas que pueden parecerse a la ansiedad o empeorarla, como un problema de tiroides, una arritmia, la anemia, algunos medicamentos o el exceso de cafeína.

¿Te reconoces en varios de estos síntomas desde hace semanas? Te llamamos y lo valoramos contigo, sin compromiso.

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Tipos de ansiedad y cómo reconocer cada uno

La ansiedad no se presenta igual en todo el mundo: cambia aquello que se teme y la forma de protegerse. Además, es frecuente que una misma persona tenga rasgos de más de un tipo.

Ansiedad generalizada

La preocupación salta de un tema a otro —el trabajo, la salud, el dinero, los hijos— la mayoría de los días durante al menos seis meses, y cuesta mucho frenarla. Se acompaña de tensión muscular, cansancio, irritabilidad y mal dormir. Quien la sufre suele oír que «se preocupa por todo» y no recuerda la última vez que sintió calma de verdad.

Crisis de pánico y trastorno de pánico

Una crisis de pánico es una oleada brusca de miedo muy intenso que alcanza su máximo en pocos minutos, con palpitaciones, ahogo, mareo y la sensación de que te mueres o pierdes la cabeza. Cuando las crisis se repiten sin aviso y empiezas a vivir pendiente de la siguiente, se habla de trastorno de pánico. Lo explicamos a fondo en crisis de pánico.

Fobias específicas

El miedo es intenso y desproporcionado, pero se limita a algo concreto: volar, conducir, las agujas, las alturas, un animal. Fuera de esa situación te encuentras bien, y por eso muchas personas organizan su vida para no cruzarse con ella. Lo ampliamos en fobias y miedos.

Ansiedad social

Es un miedo intenso a que los demás te observen y te juzguen: hablar en una reunión, comer delante de otros, llamar por teléfono, conocer gente. No es simple timidez, porque lleva a evitar situaciones importantes y a pasarlo muy mal antes, durante y después. Lo desarrollamos en fobia social y timidez.

Agorafobia

No es miedo a los espacios abiertos, sino a estar en lugares de los que sería difícil salir o donde no habría ayuda si te encuentras mal: el transporte público, un centro comercial, una cola, el cine o alejarte de casa sin compañía. Muchas veces aparece después de varias crisis de pánico y va reduciendo los sitios a los que vas.

Ansiedad por la salud

Es la preocupación persistente por tener o llegar a tener una enfermedad grave, aunque las pruebas salgan bien. Se nota en revisarse el cuerpo, buscar síntomas en internet y pedir pruebas o, al contrario, en evitar al médico por miedo a lo que diga. La tranquilidad después de cada consulta dura poco.

Problemas que suelen acompañar a la ansiedad

Es muy habitual que la ansiedad se acompañe de insomnio y que el estrés en el trabajo la dispare o la mantenga. El estrés postraumático comparte muchos de sus síntomas, pero es un problema distinto: aparece después de haber vivido una experiencia traumática y necesita un abordaje propio.

Por qué aparece la ansiedad y qué la mantiene

La ansiedad no tiene una causa única. Suele ser la suma de una predisposición y de lo que te ha tocado vivir:

  • Factores biológicos. Una vulnerabilidad que en parte se hereda y un temperamento más sensible a la amenaza. También influyen la falta de sueño, los estimulantes, algunos fármacos y ciertos problemas médicos.
  • Factores psicológicos. Mucha autoexigencia, necesidad de tenerlo todo bajo control, dificultad para tolerar la incertidumbre o haber crecido en un entorno donde el mundo se vivía como un lugar peligroso.
  • Factores de la vida. Una etapa larga de estrés, problemas económicos, conflictos de pareja, una enfermedad, una pérdida o cambios que en principio son buenos, como un ascenso o el nacimiento de un hijo.

A veces hay un desencadenante claro. Otras, la ansiedad aparece justo cuando por fin puedes parar, después de meses aguantando.

Lo que mantiene la ansiedad una vez que ha aparecido

Tan importante como el origen es lo que hace que la ansiedad siga ahí:

  • Evitar. Si no coges el coche o no vas a la cena, el miedo baja enseguida, pero no llegas a comprobar que podías con ello y la próxima vez cuesta más.
  • Comprobar. Releer el correo cinco veces, tomarte el pulso o revisar que has cerrado la puerta calma unos minutos y enseña a tu cabeza a volver a dudar.
  • Buscar que te tranquilicen. Preguntar una y otra vez a tu pareja, a tu médico o a internet funciona cada vez durante menos tiempo.
  • Darle vueltas. Rumiar parece una forma de resolver el problema, pero mantiene la alarma encendida.

Lo que haces para calmar la ansiedad a corto plazo suele ser lo que la mantiene a largo plazo.

Qué pasa si la ansiedad no se trata

Algunas rachas de ansiedad ceden cuando pasa la situación que las provocó. Pero cuando lleva meses instalada, lo habitual es que no se vaya sola y que ocupe cada vez más espacio:

  • Tu vida se encoge. Cada cosa que evitas hoy es un poco más difícil mañana: primero la autopista, luego el coche, luego salir sin compañía.
  • Se hace crónica. La ansiedad generalizada, en particular, tiende a mantenerse durante años, con épocas mejores y peores.
  • Duermes peor y te cansas más. La tensión sostenida se traduce en insomnio, dolores de cabeza y de espalda y molestias digestivas.
  • Rindes menos. Cuesta concentrarse y decidir, y aumentan los errores y las bajas.
  • Se resienten las relaciones. La irritabilidad, la necesidad de control y los planes cancelados pesan en la pareja, la familia y los amigos.
  • Aparece el ánimo bajo. Es muy frecuente que una ansiedad mantenida termine acompañándose de depresión.
  • Aumenta el consumo. Alcohol para relajarte, tranquilizantes para dormir, más café para aguantar el día.

La otra cara es que los trastornos de ansiedad tienen tratamiento eficaz y la mayoría de las personas mejora. Cuanto antes se consulta, menos terreno hay que recuperar.

Cuándo conviene pedir ayuda profesional por ansiedad

No hace falta esperar a no poder más. Conviene consultar si:

  • La preocupación o los nervios están presentes casi todos los días desde hace semanas.
  • Has empezado a evitar sitios, personas o actividades por miedo a encontrarte mal.
  • Has tenido una o varias crisis de pánico y vives pendiente de que se repitan.
  • Duermes mal o te levantas ya con el cuerpo en tensión.
  • Te cuesta rendir en el trabajo o disfrutar de tu tiempo libre.
  • Has ido al médico por síntomas físicos, las pruebas salen bien y sigues igual.
  • Necesitas alcohol, tranquilizantes u otras sustancias para calmarte o dormir.
  • Además de ansiedad, notas el ánimo cada vez más bajo.

Si junto a la ansiedad aparecen ideas de muerte o de hacerte daño, no esperes a tener cita: llama al 024 o al 112. Y si notas por primera vez un dolor fuerte en el pecho, dificultad para respirar o un desmayo, acude a urgencias para que lo valoren antes de darlo por ansiedad.

Cómo se trata la ansiedad

El primer paso es una buena valoración: qué tipo de ansiedad tienes, desde cuándo, qué la dispara, qué la mantiene y si hay algo médico que descartar.

Psicoterapia

Es el tratamiento de primera elección en la mayoría de los trastornos de ansiedad. La terapia cognitivo-conductual es el enfoque con más estudios y el que las guías clínicas recomiendan en primer lugar: ayuda a entender el círculo de la ansiedad, a revisar los pensamientos catastrofistas y a afrontar de forma gradual lo que se evita. Otras psicoterapias, como la psicodinámica, cuentan con menos estudios, pero también con resultados favorables en varios de estos problemas.

Medicación

La prescribe y la controla tu médico de cabecera o un psiquiatra, nunca un psicólogo. Suele plantearse cuando la ansiedad es intensa o no mejora lo suficiente con psicoterapia. Algunos fármacos tardan semanas en hacer efecto, y los tranquilizantes, que alivian rápido, se recomiendan solo durante periodos cortos por el riesgo de dependencia. No los empieces ni los dejes por tu cuenta.

Cómo trabajamos la ansiedad en Izpira

En Izpira somos psicólogos generales sanitarios y trabajamos con psicoterapia, desde enfoques psicoanalítico, humanista integrativo y sistémico. No nos quedamos en el síntoma: buscamos contigo qué está sosteniendo tu ansiedad para que la mejoría se mantenga. Si en la valoración vemos que te conviene otro tipo de abordaje o una consulta médica, te lo decimos y te orientamos.

Te explicamos cómo es el proceso, cuánto dura cada sesión y cuánto cuesta.

Ver la terapia para la ansiedad

Qué puedes hacer mientras empiezas el tratamiento

Nada de esto sustituye a un tratamiento, pero ayuda a no alimentar la ansiedad mientras llega la primera cita:

  • Reduce la cafeína. El café y las bebidas energéticas producen sensaciones muy parecidas a las de la ansiedad.
  • Cuida el sueño. Horarios regulares y pantallas fuera de la cama: dormir poco deja la alarma más sensible.
  • Muévete a diario. Caminar a buen paso o hacer ejercicio ayuda a descargar la activación del cuerpo.
  • Alarga la espiración. Cuando notes que te aceleras, respira despacio y suelta el aire durante más tiempo del que tardas en cogerlo.
  • No amplíes lo que evitas. Sigue haciendo lo que todavía haces, aunque sea con nervios.
  • Ponle horario a la preocupación. Apunta lo que te ronda y resérvale un rato fijo al día, en lugar de atenderlo cada vez que aparece.
  • Cuidado con el alcohol y con buscar síntomas en internet. Calman un momento y dejan más ansiedad después.

La terapia que lo trabaja

La terapia con la que trabajamos la ansiedad en Donostia

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Cómo es el proceso

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Preguntas frecuentes

Preguntas frecuentes sobre la ansiedad

¿Cómo sé si lo que tengo es ansiedad o un problema físico?

Los síntomas pueden parecerse mucho, y por eso la primera vez conviene que te valore tu médico. Si las pruebas salen bien y las molestias aparecen o empeoran en momentos de tensión o de preocupación, es probable que la ansiedad tenga un papel. Lo valoramos contigo en una entrevista, no con un test de internet.

¿Qué diferencia hay entre estrés y ansiedad?

El estrés es la respuesta a una exigencia concreta y suele bajar cuando esa exigencia pasa. La ansiedad se centra en lo que podría ocurrir y puede mantenerse aunque en ese momento no haya nada que la justifique. Un estrés sostenido durante mucho tiempo puede acabar convirtiéndose en un problema de ansiedad.

¿La ansiedad se cura?

La ansiedad como emoción no desaparece, ni debe hacerlo, porque es necesaria. Lo que cambia con el tratamiento es su intensidad y el poder que tiene sobre tu vida: la mayoría de las personas mejora y aprende a reconocer las primeras señales y a saber qué hacer si vuelven.

¿Cuánto dura una crisis de ansiedad?

Una crisis de pánico alcanza su punto más alto en pocos minutos y suele ceder en menos de media hora, aunque después queden cansancio y miedo a que se repita. La ansiedad generalizada funciona de otra manera: es una tensión de fondo que puede durar semanas o meses.

¿Es necesario tomar medicación para la ansiedad?

No siempre. Muchas personas mejoran solo con psicoterapia. Cuando la ansiedad es muy intensa o impide funcionar, tu médico de cabecera o un psiquiatra pueden valorar un tratamiento con fármacos. Los psicólogos no recetamos, pero si vemos que te conviene consultarlo, te lo decimos.

¿Por qué tengo ansiedad si no me pasa nada malo?

La ansiedad no necesita un motivo evidente. A veces aparece después de una etapa larga de tensión, justo cuando paras, y otras responde a preocupaciones que todavía no has identificado. No encontrar una causa clara no la hace menos real, y parte del trabajo en terapia consiste en entender de dónde viene.

Si tú o alguien de tu entorno estáis en una crisis emocional grave o con pensamientos de suicidio, no esperes a tener cita: llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida (gratuita, 24 horas, todos los días) o al 112 en caso de emergencia.

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