Problemas que tratamos · Emociones
Gestionar las emociones no es controlarlas ni dejar de sentir: es poder notar lo que sientes, entenderlo y decidir qué haces con ello. Si tus reacciones te desbordan o, al contrario, no sientes nada, no es un defecto de carácter: regular lo que sientes es una capacidad que se aprende, también de adultos.
Información orientativa elaborada por el equipo de Izpira Psicología, psicólogos sanitarios colegiados en Donostia. No sustituye a una valoración profesional.

Las emociones no son un fallo: son información. El miedo avisa de un peligro, la rabia de un límite que alguien ha cruzado, la tristeza de una pérdida, la culpa de un daño que reparar. Gestionar o regular las emociones es poder notar lo que sientes, ponerle nombre, tolerar su intensidad y decidir qué haces con ello.
No es lo mismo que controlarlas. Ante un comentario que te duele hay tres caminos:
Todo el mundo pierde los papeles alguna vez. Empieza a ser un problema cuando se repite y se dan situaciones como estas:
El objetivo no es sentir menos, sino que lo que sientes deje de decidir por ti.
La dificultad para regular las emociones, o desregulación emocional, no es un diagnóstico en sí misma. Aparece en problemas muy distintos, como la ansiedad, la depresión, el trauma o el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), y también en personas sin ningún trastorno que nunca tuvieron dónde aprenderlo.
La dificultad tiene dos caras que parecen opuestas y que a menudo conviven en la misma persona: la emoción que desborda y la emoción que se apaga.
Muchas personas alternan los dos extremos: aguantan y callan durante semanas hasta que un detalle sin importancia lo hace saltar todo. Después llega la culpa, y con ella el propósito de «no volver a ponerme así», que dura hasta la siguiente vez.
¿Te reconoces en ese ciclo de aguantar, estallar y arrepentirte? Te llamamos y lo vemos contigo, sin compromiso.
Valoración gratuitaLo habitual es reconocerse en más de una.
Saltas por cosas pequeñas —un ruido, una pregunta, un atasco— y la reacción es mayor de lo que querrías: gritos, palabras hirientes, portazos. Sentir rabia no es el problema: lo es lo que acabas haciendo con ella. Debajo suele haber cansancio acumulado o la sensación de que no se te tiene en cuenta. La irritabilidad constante también puede ser señal de ansiedad, de depresión o de falta de sueño.
Entre lo que sientes y lo que haces no hay pausa. Envías el mensaje, cuelgas el teléfono, dejas el trabajo o la relación en mitad de una discusión, compras o comes para apagar el malestar. El alivio dura minutos; el arrepentimiento, días.
La emoción sube tanto que no puedes pensar. Lloras sin poder parar, a veces por algo que a otros les parece menor, y después te quedas sin fuerzas. No es «ser demasiado sensible»: tu sistema se activa rápido, sube muy alto y tarda en bajar.
Te preguntan cómo estás y no encuentras qué contestar. Notas el estómago cerrado o un cansancio enorme, pero no sabrías decir si es tristeza, miedo o rabia. Esa dificultad para identificar y poner palabras a las emociones se llama alexitimia, y muchas veces empezó como una forma de protegerte.
La culpa dice «he hecho algo mal»; la vergüenza, «hay algo mal en mí». Cuando son continuas, pides perdón por todo, repasas de noche cada conversación y te sientes responsable del estado de ánimo de los demás. Suelen venir de haber crecido con mucha crítica o mucha exigencia.
Necesitas que alguien te conteste, te tranquilice o te confirme que todo va bien para que la angustia baje. Buscar apoyo es sano; el problema aparece cuando es la única vía y cualquier silencio se vive como una amenaza. Lo explicamos en dependencia emocional.
Nadie nace sabiendo regular lo que siente. Se aprende: primero con adultos que te calman y ponen nombre a lo que te pasa, y después por tu cuenta. Cuando cuesta, suelen sumarse varios factores:
A veces la desregulación forma parte de otra condición: el TDAH, un trastorno bipolar o un trastorno límite de la personalidad. No se trata de ponerte una etiqueta: una valoración profesional importa porque cambia el tratamiento. Y si el cambio ha sido brusco, conviene que tu médico descarte causas físicas, como un problema de tiroides, cambios hormonales o el efecto de un medicamento.
Lo que mantiene el problema es que las dos salidas habituales funcionan a corto plazo: estallar descarga la tensión y callar evita el conflicto. El coste llega después.
El patrón no suele corregirse solo. Con los años se consolida y sus efectos se extienden:
Si te haces daño para aliviar lo que sientes o has pensado en quitarte la vida, no esperes: llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida, o al 112.
Regular las emociones es una capacidad que se puede aprender a cualquier edad, y esta dificultad responde bien a la psicoterapia.
Conviene consultar si se da alguna de estas situaciones:
No hace falta que sea «grave». Basta con que quieras dejar de reaccionar de una forma que no eliges.
La psicoterapia es el tratamiento de referencia. El primer paso es una buena valoración, porque no se aborda igual un enfado que tapa una depresión, una impulsividad ligada a un TDAH o unas reacciones que vienen de un trauma. A partir de ahí, el trabajo va en dos direcciones que se necesitan:
Cuando hay autolesiones, conductas de riesgo o relaciones muy inestables, las guías clínicas recomiendan programas estructurados como la terapia dialéctico-conductual, que combina sesiones individuales con un entrenamiento en habilidades de regulación. Si vemos que algo así encaja mejor contigo, te lo decimos.
No hay un fármaco para «gestionar las emociones». Cuando la dificultad forma parte de un TDAH, una depresión o un trastorno bipolar, el tratamiento que paute tu médico o psiquiatría puede ser una parte importante de la mejoría.
En Izpira somos psicólogos generales sanitarios y trabajamos con psicoterapia, desde enfoques psicoanalítico, humanista integrativo y sistémico. No nos quedamos en el síntoma: buscamos contigo qué está sosteniendo esas reacciones para que la mejoría se mantenga. Si en la valoración vemos que te conviene otro tipo de abordaje o una consulta médica, te lo decimos y te orientamos.
Te explicamos cómo es el proceso, cuánto dura cada sesión y cuánto cuesta.
Ver la psicoterapia individualNada de esto sustituye a una terapia, pero ayuda a ganar margen:
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Psicóloga General Sanitaria y directora clínica de Izpira. Enfoque psicoanalítico y perspectiva de género. Trabaja en el Programa de Atención a Víctimas de Violencia de la Diputación Foral de Gipuzkoa.
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Psicólogo sanitario y psicoterapeuta humanista integrativo. Terapia individual con adultos y acompañamiento en la toma de decisiones. Experto en mediación y gestión de conflictos.
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Psicóloga General Sanitaria. Formación en apego y psicología perinatal, adicciones con y sin sustancia y duelo. Atiende en euskera y en castellano.
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Psicóloga General Sanitaria. Acompaña a niños, adolescentes, adultos y parejas. Especializada en terapia familiar y de pareja desde un enfoque sistémico; atiende a personas que han vivido violencia y trauma.
Ver perfilPreguntas frecuentes
No. Intentar no sentir o tragarse lo que se siente suele acabar en más tensión y en estallidos. Regular una emoción es reconocerla, tolerar su intensidad y elegir cómo expresarla, de manera que te informe sin decidir por ti.
Casi nunca es por lo pequeño. Suele ser la gota que colma un vaso lleno de cansancio, de cosas calladas o de situaciones que se repiten, o algo que toca un punto sensible de tu historia. Si la irritabilidad es nueva o va a más, conviene valorarla: también puede ser señal de ansiedad, de depresión o de un problema médico.
Llorar con facilidad puede ser un rasgo de temperamento y no indica por sí solo ningún problema. Conviene consultarlo cuando supone un cambio respecto a cómo eras, dura semanas, te impide seguir con tu día o viene con apatía y cansancio, porque puede indicar estrés acumulado, un duelo o una depresión.
El embotamiento suele ser una protección: si en algún momento sentir fue demasiado o no fue bien recibido, la mente aprende a bajar el volumen. También aparece en la depresión, en el estrés prolongado y después de experiencias traumáticas. En terapia se trabaja poco a poco, empezando por lo que notas en el cuerpo.
Puede serlo, pero no necesariamente: muchas personas tienen dificultades para regular lo que sienten sin que haya ningún trastorno. Eso solo se aclara con una valoración profesional, no con un test de internet. Si vemos indicios, te orientamos sobre qué evaluación o qué especialista te conviene.
Sí. La regulación emocional es una capacidad aprendida y se puede desarrollar a cualquier edad, aunque requiere tiempo y práctica. No se trata de cambiar tu temperamento, sino de ampliar el margen entre lo que sientes y lo que haces.
No intentes razonar en pleno estallido: apártate y retomad la conversación en frío, dejando claro qué no vas a aceptar. Animarle a pedir ayuda sirve cuando reconoce el problema. Si hay amenazas, control o agresiones, o le tienes miedo, ya no hablamos de un problema de gestión emocional sino de maltrato: llama al 112 si estás en peligro o, en casos de violencia de género, al 016.
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