Problemas que tratamos · Trabajo
Tener épocas de presión en el trabajo es normal. Deja de serlo cuando el malestar no se va con el descanso, te lo llevas a casa y empieza a pasar factura a tu sueño, a tu salud y a los tuyos. No es debilidad ni falta de aguante, y se puede trabajar antes de llegar al límite.
Información orientativa elaborada por el equipo de Izpira Psicología, psicólogos sanitarios colegiados en Donostia. No sustituye a una valoración profesional.

Todos los trabajos tienen épocas de presión: un cierre de mes, una entrega, una baja que hay que cubrir. Esa tensión es normal e incluso útil: te activa, se va cuando pasa el pico y te recuperas con un fin de semana.
Hablamos de un problema laboral que afecta a tu salud cuando el malestar deja de ser puntual y empieza a ocupar tu vida. Tres señales marcan la diferencia:
No es falta de aguante. Cuando las condiciones desgastan, enferman también las personas más capaces y más comprometidas con su trabajo.
Bajo «problemas laborales» caben situaciones distintas: una sobrecarga que se ha hecho crónica, un desgaste profesional, un conflicto con un jefe, una situación de acoso, un despido. Las causas no son las mismas, y lo que conviene hacer tampoco.
El malestar por el trabajo rara vez empieza de golpe. Se va instalando poco a poco, y por eso cuesta verlo hasta que un día el cuerpo dice basta.
Una pista útil es fijarte en qué pasa cuando te alejas del trabajo. Si en vacaciones tardas días en bajar el ritmo y el malestar vuelve la víspera de incorporarte, el problema está ligado al trabajo. Si ya no mejoras ni lejos de él, puede que el desgaste haya dado paso a algo más, y conviene valorarlo.
Las palpitaciones, el dolor en el pecho o las molestias digestivas que se repiten consúltalas también con tu médico, sin dar por hecho que son estrés.
Si el trabajo te está quitando el sueño o la salud, te llamamos y lo valoramos contigo.
Valoración gratuitaEstas son las situaciones más habituales.
Aparece cuando lo que se te pide supera de forma sostenida el tiempo, los medios o el margen de decisión que tienes. Vives en alerta: sales tarde, repasas pendientes en la ducha y sientes que, hagas lo que hagas, no llegas. A diferencia de un pico puntual, aquí el cuerpo no tiene ocasión de recuperarse.
La Organización Mundial de la Salud lo recoge en su clasificación (CIE-11) como el resultado de un estrés laboral crónico que no se ha podido manejar, y lo considera un fenómeno ligado al trabajo, no una enfermedad en sí misma. Tiene tres rasgos: agotamiento, distancia mental o cinismo hacia el trabajo («que se apañen») y sensación de ser cada vez menos eficaz. Es frecuente en profesiones de cuidado, como la sanidad, la educación o los servicios sociales, aunque puede darse en cualquier puesto.
No es un jefe exigente ni una discusión puntual. Es un trato hostil repetido y mantenido en el tiempo: humillaciones, críticas constantes, aislamiento, rumores, dejarte sin tareas o cargarte de tareas imposibles. Quien lo sufre suele acabar dudando de sí: «¿seré yo?». Tiene efectos serios sobre la salud y, además del apoyo psicológico, cuenta con otros cauces de actuación.
Una mala relación con tu responsable, un compañero con el que chocas, un equipo dividido o la falta de reconocimiento desgastan aunque no lleguen a ser acoso. A menudo tocan algo personal: la dificultad para decir que no, para poner límites o para sostener un desacuerdo sin sentirte en peligro.
Un despido, un ERE, meses en paro o encadenar contratos temporales son una pérdida, y se viven como tal: desconcierto, rabia, vergüenza, miedo al futuro. El trabajo da ingresos, pero también horarios, relaciones e identidad. Cuando la situación se alarga es fácil que aparezcan el aislamiento y el ánimo bajo.
Trabajar mucho no es el problema. Lo es no poder parar: sentir culpa o inquietud cuando descansas, contestar correos de noche, no tener ya nada fuera del trabajo. Suele ir de la mano de la autoexigencia y, con frecuencia, de usar el trabajo para no pensar en otras cosas.
No es un diagnóstico, pero describe algo muy reconocible: la sensación persistente de no estar a la altura y de que antes o después «se van a dar cuenta», pese a tener resultados que dicen lo contrario. Lleva a prepararlo todo de más, a no pedir un ascenso y a atribuir cada logro a la suerte. Está muy ligado a la autoestima y al perfeccionismo.
Casi nunca hay un único motivo. Lo habitual es que se junten unas condiciones de trabajo que desgastan y una forma personal de responder a ellas.
Factores del trabajo:
Factores personales:
Reconocer la parte personal no es culparte. Es ver dónde tienes margen de maniobra, que es justo lo que se trabaja en terapia. Y hay situaciones, como el acoso, en las que la causa está fuera y lo que toca es protegerte.
Aguantar «hasta que pase» funciona con un pico de trabajo. Cuando el problema es de fondo, el desgaste se acumula y acaba saliendo por algún sitio:
La buena noticia es que, atendidos a tiempo, estos problemas suelen responder bien. Cuanto antes se interviene, más corta es la recuperación y más opciones tienes de decidir tú, y no el agotamiento, qué hacer con tu trabajo.
No hace falta llegar a la baja. Conviene consultar si se da alguna de estas situaciones:
Si la situación te ha llevado a pensar en la muerte o en hacerte daño, no esperes a tener cita: llama al 024 o al 112.
Lo primero es una buena valoración: qué está pasando en tu trabajo, cómo te está afectando y si detrás del desgaste hay ya ansiedad, insomnio o una depresión que necesiten tratamiento propio.
Ayuda a entender qué te está desgastando y por qué no consigues parar, a poner límites, a revisar la autoexigencia y a recuperar el descanso. También a decidir con claridad si quieres seguir, negociar cambios o irte. Para el burnout no hay un único tratamiento de referencia, porque no es una enfermedad en sí: se trabaja el desgaste y, si han aparecido, la ansiedad o la depresión, que sí tienen tratamientos con respaldo. Lo más eficaz suele ser combinar el trabajo personal con cambios en las condiciones de trabajo, cuando son posibles.
La baja la valora y la decide tu médico de cabecera, no el psicólogo. No es un fracaso: a veces es la condición para poder recuperarte. Si hay mucha ansiedad, insomnio o depresión, también es tu médico o psiquiatría quien valora y controla la medicación.
Además de la ayuda psicológica, existen el protocolo frente al acoso de tu empresa, el servicio de prevención de riesgos laborales, la representación de los trabajadores y las vías legales. Nosotros no damos asesoramiento jurídico; para eso conviene acudir a un profesional del derecho laboral. Lo que sí hacemos es acompañarte con el daño que la situación ha producido.
En Izpira somos psicólogos generales sanitarios y trabajamos con psicoterapia, desde enfoques psicoanalítico, humanista integrativo y sistémico. No nos quedamos en el síntoma: buscamos contigo qué está sosteniendo el malestar, en el trabajo y en tu forma de vivirlo, para que la mejoría se mantenga. En el equipo hay además experiencia en mediación y gestión de conflictos y en acompañar la toma de decisiones. Si en la valoración vemos que te conviene otro tipo de abordaje o una consulta médica, te lo decimos y te orientamos.
Te explicamos cómo es el proceso, cuánto dura cada sesión y cuánto cuesta.
Ver la psicoterapia individualNada de esto sustituye a un tratamiento ni arregla unas malas condiciones de trabajo, pero ayuda a frenar el desgaste mientras llega la primera cita:
La terapia que lo trabaja
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Somos cuatro psicólogos generales sanitarios con enfoques psicoanalítico, humanista integrativo y sistémico. En la valoración vemos contigo quién encaja mejor con lo que necesitas.

Col. n.º GZ03030
Psicóloga General Sanitaria y directora clínica de Izpira. Enfoque psicoanalítico y perspectiva de género. Trabaja en el Programa de Atención a Víctimas de Violencia de la Diputación Foral de Gipuzkoa.
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Col. n.º GZ02906
Psicólogo sanitario y psicoterapeuta humanista integrativo. Terapia individual con adultos y acompañamiento en la toma de decisiones. Experto en mediación y gestión de conflictos.
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Col. n.º GZ03530
Psicóloga General Sanitaria. Formación en apego y psicología perinatal, adicciones con y sin sustancia y duelo. Atiende en euskera y en castellano.
Ver perfilCol. n.º GZ03439
Psicóloga General Sanitaria. Acompaña a niños, adolescentes, adultos y parejas. Especializada en terapia familiar y de pareja desde un enfoque sistémico; atiende a personas que han vivido violencia y trauma.
Ver perfilPreguntas frecuentes
El cansancio normal se recupera con un fin de semana o con unas vacaciones. En el burnout el agotamiento no cede con el descanso y se acompaña de distancia o cinismo hacia el trabajo y de la sensación de rendir cada vez menos. Si llevas meses así, conviene valorarlo.
No, aunque se parecen y pueden coincidir. El burnout está ligado al trabajo: fuera de él, al menos al principio, todavía disfrutas de otras cosas. La depresión lo tiñe todo. Un burnout mantenido puede acabar en una depresión, y por eso es importante una buena valoración.
La baja la valora y la decide tu médico de cabecera, en función de si tu estado te impide trabajar. Los psicólogos no podemos darla. Lo que sí hacemos es acompañarte durante ese tiempo, para que la baja sirva para recuperarte y preparar la vuelta.
Un jefe exigente o un conflicto puntual no son acoso. Se habla de acoso laboral cuando hay conductas hostiles repetidas y mantenidas en el tiempo: humillaciones, aislamiento, descrédito, quitarte funciones o cargarte de tareas imposibles. No nos corresponde calificarlo legalmente, pero sí ayudarte con el daño que produce y a pensar los pasos siguientes.
No necesariamente. A veces basta con cambiar la forma de trabajar o de relacionarte con el trabajo; otras hay que negociar condiciones, y otras lo más sano es irse. En terapia no decidimos por ti: te ayudamos a tomar esa decisión con claridad y no desde el agotamiento.
Sí. La terapia no cambia a tu jefe ni tu carga de trabajo, pero sí lo que puedes hacer tú: entender por qué aguantas lo que aguantas, poner límites, proteger tu salud y decidir qué quieres hacer. Y cuando el entorno es dañino, ayuda a reparar el efecto que ha tenido en ti.
Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 20:00, en consulta en Ibaeta o por videollamada, lo que facilita encajar las sesiones antes o después del trabajo. En la valoración vemos contigo qué horarios hay disponibles.
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