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Izpira Psicología

Problemas que tratamos · Trabajo

Problemas laborales: estrés, burnout y acoso, y qué hacer para que el trabajo no te cueste la salud

Tener épocas de presión en el trabajo es normal. Deja de serlo cuando el malestar no se va con el descanso, te lo llevas a casa y empieza a pasar factura a tu sueño, a tu salud y a los tuyos. No es debilidad ni falta de aguante, y se puede trabajar antes de llegar al límite.

  • Estrés laboral
  • Burnout
  • Acoso laboral o mobbing
  • Conflictos en el trabajo
  • Pérdida de empleo
  • Adicción al trabajo
  • Síndrome del impostor
Mujer sentada en una butaca con un portátil y una taza, mirando por la ventana

Cuándo la presión normal del trabajo se convierte en un problema que te enferma

Todos los trabajos tienen épocas de presión: un cierre de mes, una entrega, una baja que hay que cubrir. Esa tensión es normal e incluso útil: te activa, se va cuando pasa el pico y te recuperas con un fin de semana.

Hablamos de un problema laboral que afecta a tu salud cuando el malestar deja de ser puntual y empieza a ocupar tu vida. Tres señales marcan la diferencia:

  • No se va con el descanso. Vuelves del fin de semana, o de las vacaciones, con el mismo agotamiento con el que te fuiste.
  • Se sale del horario. Te lo llevas a casa, a la cama y a las conversaciones con tu pareja, y el domingo por la tarde ya estás pensando en el lunes.
  • El cuerpo y el ánimo avisan. Duermes mal, tienes menos paciencia, te cuesta concentrarte o has perdido las ganas de ir.

No es falta de aguante. Cuando las condiciones desgastan, enferman también las personas más capaces y más comprometidas con su trabajo.

Bajo «problemas laborales» caben situaciones distintas: una sobrecarga que se ha hecho crónica, un desgaste profesional, un conflicto con un jefe, una situación de acoso, un despido. Las causas no son las mismas, y lo que conviene hacer tampoco.

Síntomas del estrés laboral en el cuerpo, en el ánimo y en lo que haces

El malestar por el trabajo rara vez empieza de golpe. Se va instalando poco a poco, y por eso cuesta verlo hasta que un día el cuerpo dice basta.

En el cuerpo

  • Cansancio que no se quita ni en vacaciones
  • Tensión en el cuello, la espalda o la mandíbula
  • Nudo en el estómago al llegar o al abrir el correo
  • Dolores de cabeza y problemas digestivos
  • Te despiertas de madrugada pensando en el trabajo
  • Palpitaciones o presión en el pecho

En los pensamientos y el ánimo

  • Angustia el domingo por la tarde
  • No consigues desconectar ni en casa
  • Irritabilidad: todo te molesta
  • Sensación de no llegar o de no valer
  • «Me da todo igual»
  • Despistes y dificultad para concentrarte

En lo que haces

  • Miras el correo a todas horas
  • Saltas en casa por cualquier cosa
  • Aplazas tareas y cometes más errores
  • Evitas reuniones o a ciertas personas
  • Más café, más alcohol o comer por ansiedad
  • Dejas el deporte, las aficiones y los planes

Una pista útil es fijarte en qué pasa cuando te alejas del trabajo. Si en vacaciones tardas días en bajar el ritmo y el malestar vuelve la víspera de incorporarte, el problema está ligado al trabajo. Si ya no mejoras ni lejos de él, puede que el desgaste haya dado paso a algo más, y conviene valorarlo.

Las palpitaciones, el dolor en el pecho o las molestias digestivas que se repiten consúltalas también con tu médico, sin dar por hecho que son estrés.

Si el trabajo te está quitando el sueño o la salud, te llamamos y lo valoramos contigo.

Valoración gratuita

Formas en que se presentan los problemas laborales

Estas son las situaciones más habituales.

Estrés laboral crónico

Aparece cuando lo que se te pide supera de forma sostenida el tiempo, los medios o el margen de decisión que tienes. Vives en alerta: sales tarde, repasas pendientes en la ducha y sientes que, hagas lo que hagas, no llegas. A diferencia de un pico puntual, aquí el cuerpo no tiene ocasión de recuperarse.

Burnout o síndrome de estar quemado

La Organización Mundial de la Salud lo recoge en su clasificación (CIE-11) como el resultado de un estrés laboral crónico que no se ha podido manejar, y lo considera un fenómeno ligado al trabajo, no una enfermedad en sí misma. Tiene tres rasgos: agotamiento, distancia mental o cinismo hacia el trabajo («que se apañen») y sensación de ser cada vez menos eficaz. Es frecuente en profesiones de cuidado, como la sanidad, la educación o los servicios sociales, aunque puede darse en cualquier puesto.

Acoso laboral o mobbing

No es un jefe exigente ni una discusión puntual. Es un trato hostil repetido y mantenido en el tiempo: humillaciones, críticas constantes, aislamiento, rumores, dejarte sin tareas o cargarte de tareas imposibles. Quien lo sufre suele acabar dudando de sí: «¿seré yo?». Tiene efectos serios sobre la salud y, además del apoyo psicológico, cuenta con otros cauces de actuación.

Conflictos con jefes o compañeros

Una mala relación con tu responsable, un compañero con el que chocas, un equipo dividido o la falta de reconocimiento desgastan aunque no lleguen a ser acoso. A menudo tocan algo personal: la dificultad para decir que no, para poner límites o para sostener un desacuerdo sin sentirte en peligro.

Pérdida de empleo e incertidumbre

Un despido, un ERE, meses en paro o encadenar contratos temporales son una pérdida, y se viven como tal: desconcierto, rabia, vergüenza, miedo al futuro. El trabajo da ingresos, pero también horarios, relaciones e identidad. Cuando la situación se alarga es fácil que aparezcan el aislamiento y el ánimo bajo.

Adicción al trabajo e incapacidad para desconectar

Trabajar mucho no es el problema. Lo es no poder parar: sentir culpa o inquietud cuando descansas, contestar correos de noche, no tener ya nada fuera del trabajo. Suele ir de la mano de la autoexigencia y, con frecuencia, de usar el trabajo para no pensar en otras cosas.

Síndrome del impostor

No es un diagnóstico, pero describe algo muy reconocible: la sensación persistente de no estar a la altura y de que antes o después «se van a dar cuenta», pese a tener resultados que dicen lo contrario. Lleva a prepararlo todo de más, a no pedir un ascenso y a atribuir cada logro a la suerte. Está muy ligado a la autoestima y al perfeccionismo.

Por qué aparecen los problemas laborales

Casi nunca hay un único motivo. Lo habitual es que se junten unas condiciones de trabajo que desgastan y una forma personal de responder a ellas.

Factores del trabajo:

  • Carga excesiva, plazos imposibles o plantillas escasas.
  • Poco margen para decidir cómo haces tu trabajo.
  • Falta de reconocimiento, o un esfuerzo que no se corresponde con lo que recibes.
  • Funciones poco claras u órdenes contradictorias.
  • Mal ambiente, trato injusto o un estilo de mando que humilla.
  • Inseguridad sobre el futuro del puesto.
  • Turnos, jornadas largas y disponibilidad permanente.
  • Trabajos de alta carga emocional: cuidar, enseñar, atender al público.

Factores personales:

  • Autoexigencia alta y perfeccionismo.
  • Dificultad para decir que no, delegar o pedir ayuda.
  • Necesidad de aprobación y miedo a decepcionar.
  • Que tu valor como persona dependa casi por completo del trabajo.
  • Etapas con mucha carga fuera: crianza, cuidado de un familiar, problemas en casa.

Reconocer la parte personal no es culparte. Es ver dónde tienes margen de maniobra, que es justo lo que se trabaja en terapia. Y hay situaciones, como el acoso, en las que la causa está fuera y lo que toca es protegerte.

Qué pasa si los problemas laborales no se tratan

Aguantar «hasta que pase» funciona con un pico de trabajo. Cuando el problema es de fondo, el desgaste se acumula y acaba saliendo por algún sitio:

  • Ansiedad. La alerta del trabajo se extiende al resto del día y aparecen la preocupación constante o las crisis.
  • Insomnio. Primero las noches del domingo; después, casi todas. Y dormir mal reduce todavía más tu capacidad de aguante.
  • Depresión. El agotamiento y la sensación de no valer pueden dar paso a un ánimo bajo que ya no se queda en el trabajo.
  • Salud física. El estrés mantenido se asocia a hipertensión, problemas cardiovasculares, dolores musculares y trastornos digestivos.
  • Relaciones. Llegas a casa sin paciencia y sin energía, y los tuyos reciben lo que no puedes decir en el trabajo.
  • Bajas y decisiones precipitadas. Bajas largas que quizá podían haberse evitado, errores, o dejar el puesto de golpe y en el peor momento.
  • Alcohol o tranquilizantes para poder bajar revoluciones al final del día.

La buena noticia es que, atendidos a tiempo, estos problemas suelen responder bien. Cuanto antes se interviene, más corta es la recuperación y más opciones tienes de decidir tú, y no el agotamiento, qué hacer con tu trabajo.

Cuándo conviene pedir ayuda profesional

No hace falta llegar a la baja. Conviene consultar si se da alguna de estas situaciones:

  • Llevas varias semanas durmiendo mal o con angustia por el trabajo.
  • Ni el fin de semana ni las vacaciones te recargan.
  • En casa te dicen que no pareces tú, o notas que lo pagas con los tuyos.
  • Has llorado antes de entrar, en el baño o al salir.
  • Tienes síntomas físicos que tu médico relaciona con el estrés.
  • Estás bebiendo más, o tomando algo para dormir o para aguantar.
  • Sufres un trato humillante o te están aislando.
  • Estás de baja y te angustia la idea de volver.
  • Tienes que tomar una decisión importante sobre tu trabajo y no la ves con claridad.

Si la situación te ha llevado a pensar en la muerte o en hacerte daño, no esperes a tener cita: llama al 024 o al 112.

Cómo se tratan los problemas laborales y qué otros pasos existen

Lo primero es una buena valoración: qué está pasando en tu trabajo, cómo te está afectando y si detrás del desgaste hay ya ansiedad, insomnio o una depresión que necesiten tratamiento propio.

Psicoterapia

Ayuda a entender qué te está desgastando y por qué no consigues parar, a poner límites, a revisar la autoexigencia y a recuperar el descanso. También a decidir con claridad si quieres seguir, negociar cambios o irte. Para el burnout no hay un único tratamiento de referencia, porque no es una enfermedad en sí: se trabaja el desgaste y, si han aparecido, la ansiedad o la depresión, que sí tienen tratamientos con respaldo. Lo más eficaz suele ser combinar el trabajo personal con cambios en las condiciones de trabajo, cuando son posibles.

Baja laboral y medicación

La baja la valora y la decide tu médico de cabecera, no el psicólogo. No es un fracaso: a veces es la condición para poder recuperarte. Si hay mucha ansiedad, insomnio o depresión, también es tu médico o psiquiatría quien valora y controla la medicación.

Otros cauces si hay acoso laboral

Además de la ayuda psicológica, existen el protocolo frente al acoso de tu empresa, el servicio de prevención de riesgos laborales, la representación de los trabajadores y las vías legales. Nosotros no damos asesoramiento jurídico; para eso conviene acudir a un profesional del derecho laboral. Lo que sí hacemos es acompañarte con el daño que la situación ha producido.

Cómo trabajamos los problemas laborales en Izpira

En Izpira somos psicólogos generales sanitarios y trabajamos con psicoterapia, desde enfoques psicoanalítico, humanista integrativo y sistémico. No nos quedamos en el síntoma: buscamos contigo qué está sosteniendo el malestar, en el trabajo y en tu forma de vivirlo, para que la mejoría se mantenga. En el equipo hay además experiencia en mediación y gestión de conflictos y en acompañar la toma de decisiones. Si en la valoración vemos que te conviene otro tipo de abordaje o una consulta médica, te lo decimos y te orientamos.

Te explicamos cómo es el proceso, cuánto dura cada sesión y cuánto cuesta.

Ver la psicoterapia individual

Qué puedes hacer mientras empiezas el tratamiento

Nada de esto sustituye a un tratamiento ni arregla unas malas condiciones de trabajo, pero ayuda a frenar el desgaste mientras llega la primera cita:

  • Pon una hora de cierre. A partir de ella, silencia el correo y el chat del trabajo.
  • Marca el paso del trabajo a casa. Un paseo, cambiarte de ropa, diez minutos sin pantallas, sobre todo si teletrabajas.
  • Protege lo básico. Sueño, comidas y algo de movimiento son lo primero que se sacrifica y lo que más protege.
  • Cuéntalo fuera del trabajo. A tu pareja o a alguien de confianza que no esté dentro. Llevarlo a solas pesa el doble.
  • No decidas en caliente. Dejar un trabajo puede ser lo correcto, pero se decide mejor con la cabeza descansada que un domingo por la noche.
  • Ve a tu médico si el cuerpo ya avisa. Insomnio, palpitaciones, llanto o bloqueo son motivos suficientes para consultarle.
  • Si crees que hay acoso, anota fechas y hechos concretos. Te ayudará a ordenar lo que pasa y a explicarlo cuando pidas ayuda.

La terapia que lo trabaja

La terapia con la que trabajamos los problemas laborales en Donostia

Si te has reconocido en lo que acabas de leer, este es el siguiente paso. Empezamos con una valoración gratuita de 15 minutos por teléfono.

Cómo es el proceso

Así empieza tu terapia desde la primera llamada

Sabes en todo momento en qué punto estás, cuánto dura cada sesión y cuánto cuesta.

Antes de empezar

Valoración gratuita de 15 minutos por teléfono

Rellenas el formulario y te llamamos en menos de 24 horas laborables. Nos cuentas qué te pasa, resolvemos tus dudas y te decimos con qué profesional del equipo encajas. Si no somos el recurso adecuado, te lo decimos.

Gratis · sin compromiso

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Tu psicóloga conoce tu historia y tu forma de vivir lo que te pasa. Tú empiezas a notar que ya no lo llevas a solas y que hay un plan.

Preguntas frecuentes

Preguntas frecuentes sobre los problemas laborales

¿Cómo sé si tengo burnout o es solo cansancio?

El cansancio normal se recupera con un fin de semana o con unas vacaciones. En el burnout el agotamiento no cede con el descanso y se acompaña de distancia o cinismo hacia el trabajo y de la sensación de rendir cada vez menos. Si llevas meses así, conviene valorarlo.

¿Es lo mismo burnout que depresión?

No, aunque se parecen y pueden coincidir. El burnout está ligado al trabajo: fuera de él, al menos al principio, todavía disfrutas de otras cosas. La depresión lo tiñe todo. Un burnout mantenido puede acabar en una depresión, y por eso es importante una buena valoración.

¿Me pueden dar la baja por estrés o ansiedad laboral?

La baja la valora y la decide tu médico de cabecera, en función de si tu estado te impide trabajar. Los psicólogos no podemos darla. Lo que sí hacemos es acompañarte durante ese tiempo, para que la baja sirva para recuperarte y preparar la vuelta.

¿Cómo sé si lo que me pasa es acoso laboral?

Un jefe exigente o un conflicto puntual no son acoso. Se habla de acoso laboral cuando hay conductas hostiles repetidas y mantenidas en el tiempo: humillaciones, aislamiento, descrédito, quitarte funciones o cargarte de tareas imposibles. No nos corresponde calificarlo legalmente, pero sí ayudarte con el daño que produce y a pensar los pasos siguientes.

¿Tengo que dejar mi trabajo para estar bien?

No necesariamente. A veces basta con cambiar la forma de trabajar o de relacionarte con el trabajo; otras hay que negociar condiciones, y otras lo más sano es irse. En terapia no decidimos por ti: te ayudamos a tomar esa decisión con claridad y no desde el agotamiento.

¿Sirve la terapia si el problema es mi empresa y no yo?

Sí. La terapia no cambia a tu jefe ni tu carga de trabajo, pero sí lo que puedes hacer tú: entender por qué aguantas lo que aguantas, poner límites, proteger tu salud y decidir qué quieres hacer. Y cuando el entorno es dañino, ayuda a reparar el efecto que ha tenido en ti.

¿Puedo ir a terapia fuera de mi horario de trabajo?

Atendemos de lunes a viernes, de 9:00 a 20:00, en consulta en Ibaeta o por videollamada, lo que facilita encajar las sesiones antes o después del trabajo. En la valoración vemos contigo qué horarios hay disponibles.

Si tú o alguien de tu entorno estáis en una crisis emocional grave o con pensamientos de suicidio, no esperes a tener cita: llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida (gratuita, 24 horas, todos los días) o al 112 en caso de emergencia.

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