Problemas que tratamos · Ansiedad
Una crisis de pánico es una oleada de miedo tan intensa que parece un infarto o el principio de la locura. Es la alarma del cuerpo disparada sin peligro, y cede sola en minutos. Lo que acaba complicando la vida es el miedo a que vuelva, y ese miedo tiene tratamiento eficaz.
Información orientativa elaborada por el equipo de Izpira Psicología, psicólogos sanitarios colegiados en Donostia. No sustituye a una valoración profesional.

Una crisis de pánico —también llamada ataque de pánico o, en la calle, ataque de ansiedad— es una oleada repentina de miedo muy intenso que alcanza su punto máximo en pocos minutos. Los síntomas físicos son tan fuertes que, la primera vez, muchas personas acaban en urgencias convencidas de que están sufriendo un infarto.
Suele empezar sin aviso: en el coche, en la cola del supermercado, en una reunión o en el sofá de casa. El corazón se dispara, falta el aire, las manos hormiguean y todo parece irreal. Y llega un pensamiento que lo empeora: «me muero», «me ahogo», «estoy perdiendo la cabeza».
Lo que ocurre es que se activa de golpe la respuesta de lucha o huida, el mecanismo con el que el cuerpo reacciona ante un peligro. La adrenalina acelera el corazón y la respiración y tensa los músculos del pecho. Al respirar más rápido de lo necesario aparecen el mareo, el hormigueo y la sensación de irrealidad.
Son las mismas reacciones que tendrías si un coche se te echara encima. Aquí no hay coche, y la mente, al no encontrar explicación, elige la peor. Las sensaciones son reales, pero una crisis de pánico, por sí misma, no provoca un infarto, no asfixia y no hace perder la razón. El cuerpo no puede sostener ese pico mucho tiempo, y la crisis cede sola.
Si es tu primera crisis, o los síntomas son distintos de los habituales, lo sensato es que te vea un médico. Descartar una causa física no es exagerar: es el primer paso.
En una crisis de pánico aparecen de forma brusca varios de estos síntomas a la vez. Cada persona tiene «los suyos», y suelen repetirse de una crisis a otra:
La mayoría de las crisis dura entre cinco y veinte minutos, aunque el cansancio y la sensación de fragilidad pueden quedarse el resto del día. A veces se encadenan varias oleadas, y por eso parece que no termina nunca.
¿Has tenido una crisis y vives pendiente de que vuelva? Te llamamos y lo valoramos contigo, sin compromiso.
Valoración gratuitaTener una crisis de pánico no significa tener un trastorno. La diferencia está en lo que pasa después.
Muchas personas tienen una o varias crisis a lo largo de su vida, a menudo en una época de mucho estrés o de poco sueño, y no vuelven a tenerlas. Asusta, pero no cambia su forma de vivir.
Se habla de trastorno de pánico cuando las crisis se repiten sin un motivo claro y, durante al menos un mes, vives con miedo a la siguiente o cambias tu vida para evitarla: dejas el deporte, el coche o quedarte a solas en casa.
Es el miedo a estar en sitios de los que sería difícil salir o recibir ayuda si te da una crisis: el autobús o el tren, la autopista, un túnel, el supermercado, el cine, una cola. Primero vas con compañía y después dejas de ir. En los casos más intensos, salir de casa sin alguien al lado se vuelve muy difícil.
Algunas crisis te despiertan en plena noche, con el corazón desbocado y sin que haya habido una pesadilla. No son más peligrosas que las de día, pero pueden hacer que temas acostarte y terminar en insomnio. Si son frecuentes, coméntalo con tu médico, porque la apnea del sueño o el reflujo pueden provocar despertares parecidos.
A veces las crisis tienen un disparador reconocible: el avión o las agujas en las fobias, hablar en público en la ansiedad social o un recuerdo en el estrés postraumático. En esos casos el tratamiento se dirige al problema de fondo.
No hay una causa única. Lo habitual es que coincidan cierta predisposición y un momento de sobrecarga:
La primera crisis deja huella. A partir de ahí empiezas a vigilar tu cuerpo, y un cuerpo vigilado siempre da motivos: una palpitación al subir escaleras, un mareo al levantarte, el calor de una sala llena.
Además, lo que haces para protegerte —sentarte junto a la salida, llevar siempre un tranquilizante encima, no ir a ningún sitio sin compañía— te alivia hoy e impide que compruebes que la sensación era inofensiva.
En el trastorno de pánico, el problema ya no es la crisis: es el miedo a la crisis.
Una crisis aislada puede no repetirse. Pero cuando el miedo a la siguiente ya se ha instalado, es raro que desaparezca solo. Lo que suele ocurrir es esto:
La parte buena es que el trastorno de pánico responde bien al tratamiento psicológico y la mayoría de las personas mejora. Cuanto menos terreno haya ganado la evitación, más sencillo resulta recuperarlo.
Conviene pedir una valoración psicológica si:
Llama al 112 o acude a urgencias si es la primera vez que te pasa algo así, si el dolor del pecho se extiende al brazo, la mandíbula o la espalda, si pierdes el conocimiento, si los síntomas no ceden o son distintos de los de otras crisis, o si tienes una enfermedad del corazón. Ante la duda, es mejor que lo valoren.
Y si junto al miedo aparecen ideas de muerte o de hacerte daño, llama al 024 o al 112.
El primer paso es una buena valoración: confirmar que se trata de crisis de pánico, que tu médico haya descartado causas físicas y entender qué las mantiene en tu caso.
La terapia cognitivo-conductual es el tratamiento psicológico de referencia para el trastorno de pánico según las guías clínicas. Combina tres elementos: entender qué pasa en el cuerpo durante una crisis, revisar las interpretaciones catastrofistas («es un infarto», «voy a perder el control») y la exposición.
La exposición tiene dos partes. La exposición interoceptiva consiste en provocar a propósito, de forma controlada, las sensaciones que temes —acelerar el pulso, marearte un poco— hasta comprobar que no son peligrosas. La otra es volver poco a poco a los lugares que has dejado de pisar.
La prescribe y la controla tu médico de cabecera o un psiquiatra, nunca un psicólogo. Algunos antidepresivos están indicados en el trastorno de pánico y tardan varias semanas en hacer efecto. Los tranquilizantes alivian rápido, pero las guías desaconsejan usarlos como tratamiento de fondo por el riesgo de dependencia. No cambies ni dejes la medicación por tu cuenta.
En Izpira somos psicólogos generales sanitarios y trabajamos con psicoterapia, desde enfoques psicoanalítico, humanista integrativo y sistémico. No nos quedamos en el síntoma: buscamos contigo qué está sosteniendo las crisis para que la mejoría se mantenga. Si en la valoración vemos que te conviene otro tipo de abordaje o una consulta médica, te lo decimos y te orientamos.
Te explicamos cómo es el proceso, cuánto dura cada sesión y cuánto cuesta.
Ver la terapia para la ansiedadEstas pautas no sustituyen a un tratamiento ni a una valoración médica, pero ayudan a pasar la crisis sin alimentarla:
Entre una crisis y otra, reduce la cafeína, cuida el sueño y procura no ampliar la lista de lo que evitas. Tienes más pautas en la página sobre ansiedad.
Ver a alguien en plena crisis impresiona. Lo más útil que puedes hacer es mantener la calma y quedarte a su lado:
Después, no le quites importancia ni lo conviertas en un drama. Anímale a consultarlo.
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Col. n.º GZ03030
Psicóloga General Sanitaria y directora clínica de Izpira. Enfoque psicoanalítico y perspectiva de género. Trabaja en el Programa de Atención a Víctimas de Violencia de la Diputación Foral de Gipuzkoa.
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Psicólogo sanitario y psicoterapeuta humanista integrativo. Terapia individual con adultos y acompañamiento en la toma de decisiones. Experto en mediación y gestión de conflictos.
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Col. n.º GZ03530
Psicóloga General Sanitaria. Formación en apego y psicología perinatal, adicciones con y sin sustancia y duelo. Atiende en euskera y en castellano.
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Psicóloga General Sanitaria. Acompaña a niños, adolescentes, adultos y parejas. Especializada en terapia familiar y de pareja desde un enfoque sistémico; atiende a personas que han vivido violencia y trauma.
Ver perfilPreguntas frecuentes
Una crisis de pánico, por sí misma, no provoca un infarto. El desmayo es muy poco frecuente, porque durante la crisis la tensión arterial tiende a subir y no a bajar. Aun así, si es la primera vez o tienes una enfermedad del corazón, conviene que te valore un médico.
Alcanza su punto máximo en pocos minutos y la mayoría cede en menos de media hora. A veces se encadenan varias oleadas y parece que dura horas. Después es normal notar cansancio y fragilidad durante el resto del día.
En el lenguaje cotidiano se usan como sinónimos. En psicología, «crisis de pánico» o «ataque de pánico» designa ese episodio brusco e intenso que toca techo en minutos. La ansiedad también puede ser una tensión más sostenida y menos intensa, que no llega a crisis.
Las crisis no necesitan un disparador visible. Es frecuente que aparezcan cuando el cuerpo baja la guardia después de una época de tensión, y también pueden despertarte por la noche sin que haya habido una pesadilla. Que surjan «de la nada» es, de hecho, una característica del trastorno de pánico.
Nadie puede prometerte que no vuelvas a tener ninguna. Lo que consigue la mayoría de las personas con tratamiento es que sean menos frecuentes e intensas y, sobre todo, perderles el miedo. Cuando una crisis deja de asustar, deja de condicionar la vida.
No siempre. Muchas personas mejoran solo con psicoterapia. Si las crisis son muy frecuentes o hay otros problemas asociados, tu médico de cabecera o un psiquiatra pueden valorar un tratamiento con fármacos. Los psicólogos no recetamos, pero si vemos que te conviene consultarlo, te lo decimos.
Reduce la velocidad, señaliza y detente en un lugar seguro en cuanto puedas. Respira despacio y espera a que baje antes de reanudar la marcha. Si has dejado de conducir por miedo a que se repita, es un buen motivo para consultar.
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