Problemas que tratamos · Alimentación
Un trastorno alimentario no es una dieta que se ha ido de las manos, una fase ni una cuestión de voluntad: es un problema serio de salud mental, con consecuencias físicas, que puede afectar a cualquier persona. Tiene tratamiento, y cuanto antes se empieza, mejor es el pronóstico.
Información orientativa elaborada por el equipo de Izpira Psicología, psicólogos sanitarios colegiados en Donostia. No sustituye a una valoración profesional.

Los trastornos de la conducta alimentaria (TCA) son problemas graves de salud mental que tienen consecuencias físicas. La relación con la comida, con el cuerpo y con el peso pasa a ocupar el centro de la vida y a dirigir el ánimo, las decisiones y las relaciones.
Conviene desmontar algunas ideas muy extendidas:
Preocuparse por la alimentación o no estar del todo a gusto con el cuerpo es muy común. Hablamos de trastorno cuando esa preocupación se vuelve rígida, ocupa buena parte del día, genera angustia y empieza a afectar a la salud, a los estudios o al trabajo y a la vida social.
Un trastorno alimentario no es una elección ni una llamada de atención: es una enfermedad seria, que tiene tratamiento.
Las señales varían según el trastorno y casi nunca aparecen todas a la vez. Estas son las que más se repiten:
No se ve a simple vista. Muchas personas con un trastorno alimentario tienen un peso que no llama la atención, rinden en los estudios o en el trabajo y lo esconden muy bien.
Además, quien lo sufre no siempre lo vive como un problema: al principio puede sentirse como control o como un logro. Por eso es frecuente que sea la familia quien da la voz de alarma.
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Valoración gratuitaEstos son los principales. Muchas personas no encajan del todo en ninguno, o pasan de uno a otro con el tiempo, y eso no hace su problema menos serio.
La persona come bastante menos de lo que su cuerpo necesita, tiene un miedo intenso a engordar y percibe o valora su cuerpo de forma distorsionada. Suele vivirlo como control y no como enfermedad, y por eso rara vez pide ayuda por iniciativa propia. Cuando los mismos síntomas se dan sin un peso bajo se habla de anorexia atípica, y los riesgos médicos son igual de serios.
Se repiten episodios de comer mucho en poco tiempo con sensación de perder el control, llamados atracones, seguidos de conductas para compensarlos. La propia valoración depende en exceso del cuerpo. Se vive en secreto y con mucha vergüenza, y puede pasar años sin que nadie lo note.
Hay atracones recurrentes, pero sin conductas para compensarlos después. Se come deprisa, sin hambre y a solas, y luego llegan la culpa y la vergüenza. Es probablemente el más frecuente y el menos reconocido, porque se confunde con falta de voluntad.
Conocido también por sus siglas en inglés, ARFID, consiste en comer muy poco o una variedad muy limitada de alimentos, pero no por miedo a engordar ni por preocupación por el cuerpo. Los motivos son otros: rechazo intenso a texturas, olores o sabores, miedo a atragantarse o falta de interés por comer. Es más habitual en la infancia y va más allá de ser «mal comedor».
La obsesión por comer solo alimentos «sanos», a veces llamada ortorexia, y la obsesión por la musculatura, conocida como vigorexia, no son diagnósticos oficiales de trastorno alimentario. Aun así, cuando las normas se vuelven rígidas y generan angustia, aislamiento o problemas de salud, causan un sufrimiento real y merecen una valoración.
No hay una causa única, y nadie tiene la culpa: ni quien lo sufre ni su familia. Un trastorno alimentario aparece cuando se suman varios factores:
Una vez en marcha, el trastorno se mantiene solo: comer de forma insuficiente o caótica vuelve el pensamiento más rígido y obsesivo, y la culpa empuja a repetir el ciclo.
Los trastornos alimentarios están entre los problemas de salud mental con mayor riesgo médico. Sin tratamiento tienden a cronificarse, y sus consecuencias alcanzan a todo el organismo:
Con tratamiento, el panorama cambia. La mayoría de las personas mejora y muchas se recuperan por completo, sobre todo cuando se empieza pronto. Y no es tarde aunque hayan pasado muchos años: también entonces hay recuperación.
En un trastorno alimentario, esperar a «estar peor» o a tenerlo claro es un error: cuanto antes se empieza, mejor es el pronóstico. Conviene consultar si:
El primer paso es doble: una valoración psicológica y una revisión con tu médico de cabecera o pediatra, que comprobará cómo estás físicamente y descartará otras causas.
Acude a urgencias o llama al 112 si hay desmayos, mareos intensos, dolor en el pecho, palpitaciones, confusión o un empeoramiento rápido. Si aparecen pensamientos de hacerte daño o de suicidio, llama al 024, que atiende las 24 horas, o al 112.
El tratamiento de un trastorno alimentario tiene que ser multidisciplinar. Ningún profesional lo aborda solo, porque afecta a la vez al cuerpo y a la mente:
Las guías clínicas recomiendan terapias psicológicas específicas para estos trastornos, como la terapia cognitivo-conductual adaptada a ellos. En niños y adolescentes, la implicación de la familia es clave y forma parte del tratamiento de referencia: te contamos cómo acompañamos en la terapia para adolescentes.
Algunos casos necesitan una unidad especializada en trastornos de la conducta alimentaria, un hospital de día o un ingreso, sobre todo cuando hay riesgo físico. No es un fracaso: es el nivel de atención que corresponde a ese momento.
En Izpira somos psicólogos generales sanitarios y trabajamos con psicoterapia, desde enfoques psicoanalítico, humanista integrativo y sistémico. En un trastorno alimentario, el trabajo psicológico se hace en coordinación con el seguimiento médico y no lo sustituye. No nos quedamos en el síntoma: buscamos contigo qué lo está sosteniendo. Si en la valoración vemos que el recurso adecuado es una unidad especializada, te lo decimos y te orientamos.
Te explicamos cómo es el proceso, cuánto dura cada sesión y cuánto cuesta.
Ver la psicoterapia individualSi sospechas que alguien a quien quieres tiene un trastorno alimentario, tu papel es importante. Las familias no causan el trastorno, y son una parte fundamental de la recuperación.
Cuenta con que lo niegue o se enfade. No significa que te hayas equivocado al hablar.
Nada de esto sustituye a un tratamiento, y este no es un problema que convenga intentar resolver por tu cuenta. Mientras llega la primera cita:
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Somos cuatro psicólogos generales sanitarios con enfoques psicoanalítico, humanista integrativo y sistémico. En la valoración vemos contigo quién encaja mejor con lo que necesitas.

Col. n.º GZ03030
Psicóloga General Sanitaria y directora clínica de Izpira. Enfoque psicoanalítico y perspectiva de género. Trabaja en el Programa de Atención a Víctimas de Violencia de la Diputación Foral de Gipuzkoa.
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Col. n.º GZ02906
Psicólogo sanitario y psicoterapeuta humanista integrativo. Terapia individual con adultos y acompañamiento en la toma de decisiones. Experto en mediación y gestión de conflictos.
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Col. n.º GZ03530
Psicóloga General Sanitaria. Formación en apego y psicología perinatal, adicciones con y sin sustancia y duelo. Atiende en euskera y en castellano.
Ver perfilCol. n.º GZ03439
Psicóloga General Sanitaria. Acompaña a niños, adolescentes, adultos y parejas. Especializada en terapia familiar y de pareja desde un enfoque sistémico; atiende a personas que han vivido violencia y trauma.
Ver perfilPreguntas frecuentes
La diferencia está en cuánto espacio ocupa y cuánto te hace sufrir. Si la comida, el peso o el cuerpo dirigen tu día, comes con culpa o con sensación de perder el control y has empezado a evitar planes, conviene valorarlo. El diagnóstico se hace en una entrevista clínica, no con un test de internet.
Sí. Muchos trastornos alimentarios no se reflejan en el aspecto físico y pueden darse con cualquier peso. Que no se note no significa que no haya sufrimiento ni riesgo médico.
No. Son más frecuentes en mujeres jóvenes, pero aparecen también en chicos y hombres, en la edad adulta y en la infancia. En los varones suelen detectarse más tarde, precisamente porque no se piensa en ello.
La mayoría de las personas mejora con tratamiento y muchas se recuperan por completo. La recuperación lleva tiempo y suele tener altibajos, y es más probable cuanto antes se empieza. También es posible después de muchos años con el problema.
Es lo habitual: negarlo forma parte del trastorno. Si es menor, la decisión de consultar es vuestra. Empezad por el pediatra o el médico de cabecera, y podéis pedirnos orientación como familia aunque todavía no quiera venir.
No. El tratamiento debe incluir seguimiento médico y, a menudo, nutricional, además del trabajo psicológico. En Izpira trabajamos en coordinación con los profesionales que te atiendan, y si vemos que necesitas una unidad especializada, te lo decimos.
En la mayoría de los casos, no: el tratamiento se hace de forma ambulatoria. El hospital de día o el ingreso se reservan para cuando hay riesgo físico o cuando el tratamiento ambulatorio no es suficiente. Esa decisión la toma el equipo médico.
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